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Fotografía / Rayoherald.com

Muchas tarjetas y pocos goles


Amoedo Chas regaló un viaje en el tiempo a todos aquellos que se animaron a pasar una fría mañana de enero en el Teresa Rivero. El colegiado se convirtió en protagonista de un encuentro que terminó siendo una fiel reproducción de los treinta tiros en treinta segundos del famoso tiroteo en el O.K.Corral (26 de octubre de 1881, Tombstone, Arizona).

Esta vez no disparaban Wyatt Earp y los hermanos McLaury, lo hacía el colegiado de la contienda hasta sumar quince tarjetas amarillas y tres expulsados. Los que no dieron en la diana fueron los delanteros, que se encontraron con Manu y Cobeño debajo de la portería.

Un violento choque dejó fuera a Pelegrín y Albacar

No comenzó mal el encuentro para un Rayo Vallecano que se hizo rápidamente con la iniciativa en busca de su tercera victoria consecutiva en Liga. Aunque sin ocasiones claras sobre la meta de Manu, los locales buscaban el juego por banda y la conexión arriba con Aganzo y Rubén Castro.

Pero las cosas se iban a torcer desde muy pronto para los vallecanos. Pelegrín y Edu Albacar chocaban violentamente en un balón dividido y tenían que abandonar el partido lesionados. El lateral se retiraba a los veinte minutos de juego y el central aguantaba hasta el descanso, aunque tuvo que retirarse con una posible fractura en las costillas.

El Levante aprovechó el percance para venirse arriba y controlar el encuentro con más facilidad. Rubén Suárez buscaba el juego entre líneas y obligaba a salir de la cueva a los centrales del Rayo. Surgió entonces la figura de Cobeño, que respondió magistralmente a dos ocasiones claras de Juanlu y Javi Guerra.

El Rayo no encontraba la manera de derribar el muro defensivo capitaneado por Ballesteros y la grada se desesperaba con los errores de Jofre y Susaeta a la hora de poner el balón en juego a balón parado.

Especialmente cuestionado en forma de murmullo fue el extremo catalán en su regreso al once titular después de su buena actuación en Salamanca. Jofre no estuvo afortunado, con algunas imprecisiones en el pase y en el uno contra uno. Pero mucho cuidado, que cuestionar al que intenta cosas distintas es casi lo mismo que alabar a los jugadores planos que pasan desapercibidos y no exponen nunca nada. Esos son peores para el equipo.

Las primeras emociones fuertes de la mañana quedaban reservadas para los últimos compases de la primera parte. El colegiado, gesticulante y protagonista desde el calentamiento, había puesto el listón de las tarjetas demasiado bajo con tres cartulinas (Cendros, Héctor Rodas y Ángel Sánchez) en la primera media hora. La cuarta y la quinta fueron para Salva, la segunda de ellas más que dudosa, por lo que el central del Rayo Vallecano veía el camino de los vestuarios por tercera vez esta temporada.

Poco antes había tenido el primero Coke, pero su remate lo detuvo milagrosamente con el pie un Manu sobresaliente durante todo el partido. Descanso sin goles y con el terreno de juego en muy malas condiciones, notablemente dañado por la meteorología y la reciente San Silvestre vallecana.

Ocasiones claras para el Rayo con diez jugadores

Oscuro panorama se presentaba para los franjirrojos en la reanudación. Arribas y Rafa García saltaban al campo para formar en el centro de una defensa inédita hasta la fecha. Tito, que había saltado al campo en lugar de Albacar, ocupaba el lateral diestro, mientras que Coke se desplazaba hasta la banda izquierda.

Sin embargo, el conjunto dirigido por Pepe Mel dispuso entonces de las ocasiones más claras para abrir el marcador. Rubén Castro, habitualmente certero a la hora de ver puerta, marraba dos ocasiones claras para abrir el marcador. No sería justo criticar la falta de acierto del delantero, pero tampoco lo sería obviar las numerosas ocasiones en las que el jugador canario no regresó a tiempo a la presión, quedando en claro fuera de juego y perjudicando el esfuerzo del resto de sus compañeros. La franja roja es algo más que números.

Los que sí corrían y de lo lindo eran Susaeta y Coke, motores físicos de un equipo que aguantaba sin demasiados problemas el empuje del Levante. Cobeño respondía de nuevo con una buena parada a disparo de Rubén Suárez, mientras que Héctor Rodas se lo ponía fácil al colegiado tras agarrar inocentemente a un contrario. Segunda amarilla y de nuevo igualdad numérica sobre el terreno de juego.

El Levante apuraba sus cambios metiendo arriba a Igor de Souza, viejo conocido de los vallecanos desde su etapa en Pontevedra, pero el corazón de los de Vallecas parecía acercar los tres puntos a casa. De esta manera llegó otra ocasión clara para los locales cuando Aganzo disparaba con fuerza y Manu dejaba el balón muerto a los pies de Rubén Castro, que remataba desequilabrado en su carrera por encima de la portería.

Y apareció de nuevo Amoedo Chas, esta vez para fulminar con su muñeca rápida a Tito en una jugada absurda. Y también apareció de nuevo la garra vallecana, que con nueve sobre el campo llevó a Movilla hasta el área de Manu, aunque el balón terminó por encima de los tres palos.

Así llegó el punto y final del show protagonizado por Amoedo Chas y del que el Rayo Vallecano no salió vencedor por su falta de acierto frente a la portería de Manu. Los actores secundarios del show tampoco faltaron a su cita con el escupitajo, un hecho demasiado habitual en Vallecas que el resto de aficionados franjirrojos pagaran con cien años de merecidas vallas.

Y es que es muy triste ver a los jugadores rivales y árbitros asistentes limpiarse la saliva que cae desde la grada, por mucho que simulen lesiones, que las simularon, que piten fueras de juego en saques de banda, que los pitaron, o que lo expresen en el acta como «salibazos» con «b» en lugar de «v», que así lo expresó el protagonista del partido.

Rayo Vallecano: Cobeño, Coke, Salva, Pelegrín (Arribas, min. 45), Albacar (Tito, min. 20), Susaeta, Movilla, Ángel, Jofre (Rafa García, min. 45), Aganzo y Rubén Castro.

Levante: Manu, Cendros, Rodas, Ángel, Ballesteros, Xisco, Serra, Larrea (Marc Mateu, min. 58), Juanlu (Iborra, min. 82), Javi Guerra (Igor, min. 71) y Rubén.

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