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Tete, una temporada en el olvido

Que el fútbol es caprichoso lo sabe todo el mundo a estas alturas: un caluroso día de agosto llegas a la concentración en Segovia firmado como teórico segundo portero, unos meses después te haces con el puesto de titular y acabas defendiendo la portería de tu equipo en el año del ascenso a Segunda División. Doce meses más tarde has pasado una temporada en blanco y prácticamente en el olvido. Es la historia de Tete en el Rayo Vallecano.

Cumpliendo con su deber sin hacer ruido

Apostaría porque Alfonso Martínez Zambrano «Tete» se marchará del Rayo Vallecano haciendo el mismo ruido que el día que llego, es decir, ninguno. A sus 35 años el veterano guardameta conoce de sobra cómo funciona el mundo del fútbol y es capaz de actuar en consecuencia. Basta verle en uno de esos calentamientos, más bien pocos porque no suele ir convocado, en los que trabaja con Cobeño antes del partido. Concentrado, serio, trabajador, como si fuera a ser él mismo el encargado de defender la portería del equipo que le paga.

Curiosidades de la vida, los mismos ojos que miraban atentos como Tete despejaba balones frente a Benidorm y Zamora -se cumple en estos días el aniversario de esos playoffs de ascenso que quedarán en la historia del rayismo – también se «enamoraban» de otro guardameta más joven y con más futuro. Daniel Giménez Hernández, el inolvidable Dani para aquellos que le han visto en el Ruta de la Plata durante los últimos cinco años, se ganaba a base de paradas el crédito necesario para fichar por el Rayo Vallecano.

Pero nadie debe olvidar que para que ese secreto a voces se consume alguien tuvo que defender la portería cuando el Rayo se quemaba en el infierno. Allí estuvo Tete y seguro que muchos le recordarán pase el tiempo que pase, porque no hace falta hacer ruido para ser un gran profesional y cumplir con tu trabajo. Suerte Dani, gracias Tete.

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