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Marcelino y la mano negra

Se acerca el final de temporada y una vez más se recurre a cualquier mecanismo para intentar rascar esos puntos que tanta falta hacen en la tabla clasificatoria. Claro ejemplo de ello son las declaraciones del técnico del Real Zaragoza este fin de semana. Marcelino, «indignado» con el trato arbitral, aseguraba que su equipo es víctima de los arbitrajes y ponía el partido contra el Rayo como ejemplo, aunque al tirar de memoria parece que los recuerdos no son muy certeros.

Siempre hay una mano negra

Valga este ejemplo con Marcelino para muchos otros que siempre ven la película según les conviene. Son esos que reclaman «imparcialidad» en los colegiados porque ellos «se juegan mucho», como si los demás estuviesen pasando el rato y se «jugasen poco».

El Real Zaragoza ocupa la tercera plaza de la tabla, todavía en puestos de ascenso, pero amenazado por Hércules y Rayo Vallecano. Muchos esperaban que a estas alturas de la película el conjunto maño tuviera casi los dos pies en Primera División, pero no es así, lo que el presupuesto a principio de año presentaba como un trámite ahora se ha complicado y Marcelino culpa a los árbitros de ello.

Para los que no la hayan escuchado, esta en la rajada del técnico asturiano después de empatar con el Tenerife y de ver como el colegiado anulaba un gol legal a Ewerthon. «Esto es indignante, es indignante, el árbitro condiciona el partido. Ya nos encontramos con esta situación el día del Rayo Vallecano con un penalti que ve el línea desde 35 metros y que no ve el árbitro a 5. Luego hay un penalti a Gabi, pero le expulsa por segunda amarilla y nos meten el 2-3 con diez. Con el Hércules se nos anula un gol legal con 1-0. Hoy otra vez metemos un gol legal, que no hay ni duda, y se nos anula. En nuestro campo y contra rivales directos, sin esos errores, son muchos puntos. Los errores son siempre en la misma dirección».

Ahí queda eso, la misma cantinela de siempre, tirar la piedra y esconder la mano. ¿Hay alguien que no quiere que suba el Zaragoza? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Por qué? La declaraciones de Marcelino, expulsado tres veces este año aunque asegura no haber insultado nunca a un colegiado -que mayor insulto que dudar en rueda de prensa de su imparcialidad- sorprenden a cualquiera que viese el partido contra el Rayo y escuchase la rueda de prensa posterior. «Somos los responsables de dejar escapar la victoria en un partido que se había puesto francamente bien», dijo ese día.

Pero aún así, lo más curioso es observar cómo se puede modificar el pasado de manera impune, dando por ciertos hechos que sucedieron de manera distinta. Es lo que tiene justificar situaciones actuales con historias de hace tiempo, algunos sectores del disco duro están defectuosos y misteriosamente recuperan la información de la manera que tu quieres y no de la que fue.

Marcelino, el línea vio el agarrón a David Aganzo tan claro como lo vio cualquiera que estuviese en el campo, desde 35 metros o desde el segundo anfiteatro, pocas dudas hubo al respecto. Tampoco las tuvo el árbitro, que esperó un segundo adicional porque el balón se colaba en la portería, no porque estuviera maquinando cómo perjudicar, una vez más, a tu equipo.

De acuerdo que la jugada de Gabi no era de amarilla por simular, pero tampoco era penalti claro como ahora aseguras, se trata de un hombro con hombro entre Albiol y el jugador del Zaragoza. Pero da igual, el tema es lanzar afirmaciones al aire e intentar que la presión haga su efecto en el siguiente partido. Si todo va bien, entonces los árbitros «dan y quitan por igual» al final de temporada. Si la cosa se pone fea, «hay una mano negra» que nos quita puntos «contra rivales directos». Yo creo que lo que hay siempre es algún «caradura» que se intenta justificar de cualquier manera, aunque sea recuperando datos del pasado desde una memoria defectuosa.

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