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Rubén Reyes no encuentra solución a su situación en el equipo

Rubén Reyes se ha sincerado con Rayo Herald tras la derrota del equipo en Alicante. Habla claro, sin tapujos. Dice lo que piensa, habla como juega, con desparpajo, de frente, sin marear la perdiz. Las palabras le brotan desde dentro, son pases al hueco, de pierna privilegiada y no aptos para receptores torpes o amantes del patadón, él es así.

Muy poca participación esta temporada

Hay jugadores que son protagonistas sin pisar el terreno de juego. Quizás muchos de los que ahora frecuentan el Teresa Rivero no le conozcan, pero los aficionados más fieles, esos que quedaron sorprendidos en Segunda B por la calidad de un jugador espigado recién llegado desde Pontevedra, esos que cantaron el gol del Rayo en Zamora después de un disparo suyo al travesaño, esos que cada vez que salta al terreno de juego disfrutan de su privilegiada pierna izquierda, todos esos seguro que se acuerdan de él y mucho.

Rubén Reyes ha recuperado un puesto en las últimas convocatorias, pero su participación en las rotaciones del equipo es poco más que testimonial. En ocasiones como la del pasado domingo en Alicante, el extremo terminó sentado en el banquillo después de calentar en la banda durante la segunda mitad.

En este caso no son todo son buenas palabras y palmaditas en la espalda, se nota que son malos momentos para un jugador que se ve fuera de las alineaciones o incluso de las convocatorias semana sí semana también. Hasta la fecha Rubén Reyes no ha contado cuando el equipo ha funcionado bien -está claro que cuando las piezas encajan no hay que tocarlas- ni ha estado en la lista de primeros auxilios cuando el rendimiento del equipo ha bajado enteros como el pasado domingo en Alicante.

Puedes jugar en varias posiciones: interior izquierdo, en el doble pivote o de media punta incluso. Siempre se habla de rotaciones y de una plantilla preparada pero tú oportunidad no acaba de llegar.
«Tengo la confianza plena del entrenador. Él me conoce de maravilla porque ya me ha fichado en dos ocasiones. Puede ser que me haya afectado la marcha del segundo entrenador del año pasado, pero me extraña mucho que de la noche a la mañana no se cuente conmigo. No lo entiendo».

Si el míster tiene toda la confianza en ti ¿por qué crees que no juegas?
«A estas alturas de la vida no hay que tener ya pelos en la lengua y las cosas están muy claras. Hay alguien en el club al que no le gusto tanto. Me imagino y por eso lo digo, que las cosas van por el segundo entrenador. Pepe siempre ha hablado bien de mi y tengo la sensación de que siempre que he jugado he aportado al equipo, pero siempre hay alguien delante para jugar antes que yo».

¿Qué solución le ves a tu situación en el equipo?
«De verdad que es imposible que pueda hacer más. No puedo ni entrenar más fuerte ni luchar más en los entrenamientos durante la semana. Me encuentro bien físicamente, estoy fresco y no sé ya ni que hacer para que me den minutos».

¿Has hablado con el entrenador?
«Sí claro. Pepe me dijo en su día que me esforzara a tope, que seguro que tendría mi oportunidad. He salido poco, pero creo que cuando lo hecho he jugado bien y he intentado hacer las cosas como me han dicho. En las últimas semanas he tenido unos pocos minutos contra el Nástic, Tenerife y Huesca, pero poco más en toda la temporada».

Verte en la grada domingo tras domingo, o calentar en la banda para ver que no vas a salir, se hace raro para los que saben de tu calidad.
«Me apoya la afición porque me lo dice mucha gente cuando acaban los partidos. Nunca he oído que me criticaran por mi juego. Todo el mundo me pregunta que por qué no juego. Una cosa sí que tengo clara, y es que tengo el ánimo de todos mis compañeros, del entrenador,…».

El equipo va de maravilla e imagino que subir a Primera te hace mucha ilusión, pero en esta situación asumo que te planteas la vida en otro club, ¿no?
«Estoy triste, muy jodido y así se hace muy difícil afrontar el día a día. Entrenar así, pasar las semanas sin que cambie nada, se hace muy largo. No pienso tirar la toalla, pero reconozco que los ánimos se van perdiendo poco a poco».

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