Principal > Opinión > Paco Jémez: culpable

Paco Jémez: culpable


Veredicto inapelable, sin posibilidad de recurso y con aplicación de pena inmediata. Paco Jémez es a todas luces culpable. Culpable de hacer la mejor temporada en la historia del Rayo Vallecano y culpable de salvar a la franja a un mes para el final de la liga. Culpable de situar en mitad de la tabla al equipo con menor presupuesto de la liga. Cómplice, y por tanto culpable, de ayudar al barrio de Vallecas a sentirse orgulloso de cómo juega su equipo, en el campo que sea, a la hora que sea, contra el rival que sea. Culpable.

¿Su condena? 1 año, 1 mes y 11 días de estancia en el banquillo del Rayo Vallecano. Sin libertad condicional y con una fianza de 6 millones de euros depositables en un solo plazo en las arcas de la Agrupación Deportiva. Contra la sentencia queda desestimado el recurso de la pataleta en antena. También se declara improcedente apelar a las sensaciones y/o extenuación física y mental para eludir los compromisos firmados.

Tampoco sirven como atenuantes ni la salida masiva de jugadores en verano, ni el bajo presupuesto que tendrá el equipo, ni lo complicado que será conseguir la permanencia el año que viene. ¿Por qué no sirven de atenuantes? Porque eran factores conocidos y aceptados hace 11 meses cuando Paco Jémez, posiblemente el técnico más trabajador de la liga y sin duda uno de los que mejor futuro tienen, firmó su compromiso de 2 años con el Rayo Vallecano. No ha cambiado nada.

Lo cierto es que si un presidente hablara en los mismos términos sobre su deseo de prescindir de un entrenador, sin hacer caso al contrato ni pagar la indemnización correspondiente, el gremio de entrenadores se tiraría de los pelos. La realidad es que exponiendo día sí y día también su deseo de irse, Jémez hace un flaco favor al Rayo Vallecano. Hace daño a la imagen del club, a su estabilidad deportiva, a su derecho de recibir una compensación económica justa y acordada por contrato si hay un club poderoso que quiere hacerse con un gran entrenador como es él.

A partir de ahí, exponer de manera pública que el compromiso firmado no te importa porque en tu cuerpo mandan las sensaciones, enumerar en los medios las dificultades que tendrás si te quedas y argumentar obviedades para justificar un deseo personal es un error. Sí, también es un ejercicio de sinceridad, una nueva muestra de honestidad y una oportunidad inmejorable para que todos te digan, te digamos, lo bueno que eres. Pero es un error. Culpable.

<