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Héctor Sánchez / Rayoherald.com
Héctor Sánchez / Rayoherald.com

Si yo tuviera una escoba…


Al Rayo Vallecano le han multado por el lanzamiento de papeles sobre el terreno de juego en el partido frente al Athletic de Bilbao. Así, como lo oyen. Los “artistas” del Comité de Competición de la RFEF han estimado, en su resolución, que el Club no adoptó suficientes medidas para prevenir estos incidentes, y que estuvieron “implicados” un buen número de aficionados “que no fueron identificados”. Faltaría más: ni fueron identificados, ni cacheados, ni esposados, ni llevados al cuartelillo. ¡Qué falta de diligencia…!

El Comité ha acordado, además, un “apercibimiento de clausura de las instalaciones en caso de reincidencia”, como si en Vallecas llovieran papeles todos los días, o un día sí, y un día no. El documento está firmado por los señores D. Francisco Rubio Sánchez, D. Lucas Osorio Iturmendi y D. Pablo Mayor Menéndez, pero podrían haberlo firmado igualmente Mortadelo y Filemón o Pepe Gotera y Otilio, con el mismo hilarante resultado.

Resulta llamativo que el Comité de Competición sancione al Rayo Vallecano con 1.500 euros por la celebración de un tifo que implicó, únicamente, que el encuentro comenzara con quince minutos de retraso. Quince minutos que a más de uno le vinieron bien, dado el lío que se montó a la entrada con la habitual avalancha de aficionados bilbaínos y las sempiternas colas para entrar por alguno de los accesos, y me refiero en concreto a la puerta número uno.

¿Acaso los aficionados del fondo no tienen derecho a estar dentro del estadio antes de que el encuentro dé comienzo? ¿No les preocupan a ustedes, señores del Comité de Competición, los intereses de los aficionados que van a los campos de fútbol? ¿O sólo miran por aquellos que ven los partidos por la tele?

Vergonzoso es igualmente que se amenace al Club con el cierre del Estadio en el caso de que se vuelvan a lanzar “papelitos” en exceso, pero más vergonzoso es aún que la sanción le llegue a un Club y una afición que han mostrado un comportamiento ejemplar a lo largo de toda la temporada. Y más en un día de fiesta, un día de celebración de la permanencia recién conseguida con tanto y tanto esfuerzo.

Reconozco que me dieron cierta pena los escasos trabajadores del Club que se afanaron, por orden arbitral, en retirar la montaña de papeles que se les venía encima, mientras seguían lloviendo rollos y más rollos como si la fábrica estuviera allí mismo. La situación, que no es más que una expresión de alegría, si quieren cómica, se topó con las caras largas de unos señores amargados, ávidos por exprimir la gallina y multar a todo lo que se mueve, aunque el enemigo sea simplemente una montaña de papeles promovida por una afición modesta al que el presupuesto sólo le llega para eso: papelitos reciclados y rollos de papel de váter.

Faltaron escobas en Vallecas para restablecer el orden, pero yo no las habría empleado en retirar los papeles. Como dice la canción: “Si yo tuviera una escoba, cuántas cosas barrería”. Y no miren ustedes para Vallecas, giren la mirada en dirección al Comité de Competición…

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