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El Rayo es de Primera, casi


Avisados quedan, las siguientes líneas son un contubernio de cifras y semanas mareantes que acaban con una conclusión: el Rayo es de Primera, casi.

Absténganse de leerlo todos aquellos que busquen polémica, recados, renglones torcidos, etc…porque ni uniendo las primeras sílabas de cada frase ni leyendo al revés el titular sale un mensaje por lo del twitter de Baptistao, ni un abrazo fácil a Presa y menos aún un acto de populismo de los habituales en mis líneas. Besos.

Todo comienza en una mañana con niebla a orillas de la M45, dónde siempre, allá dónde Michu comenzó a forjar su leyenda. Era la última jornada de la 1ª vuelta y el Rayo se jugaba algo más de tres puntos contra los de Luis García y allí apareció el de siempre, Alberto Bueno, que llevó la alegría a la parroquia vallecana que tan falta estaba de abrazos, celebraciones…y dieciséis puntos.

Después más de lo mismo, 2-0 en Elche con el “caso” Baena y por fin el punto de inflexión contra el Atleti de Simeone. El “no quiero que los silbidos nos cambien nuestra forma de jugar” de Jémez sonó a reto lanzado desde el borde del precipicio, otro más en una temporada ya cargada de frases lideradas por el “quién la tiene más larga aquí soy yo” tras la polémica en Nervión con Gálvez y Viera.

Llegó el viaje a Levante y se vio a otro Rayo contra los de Caparrós, parecido y solidario en el esfuerzo al de la Copa del Rey, ni más ni menos. Tras ellos la goleada más abultada a favor contra el Málaga de Schuster, el set a cero de rigor en el Nou Camp y la injusta derrota por 0-1 en Vallecas contra el Sevilla…pero ya era otro Rayo el de los Rochina, Rat y compañía.

La arenga de los Bukaneros post partido sirvió de acicate y dio paso al renacimiento contra el Valencia y el 2-3 en Anoeta en el que seguramente fue el partido más completo de los de Jémez en lo que va de temporada. La suerte estaba echada y continuaba el mes de marzo más pletórico de los casi 90 años de historia del club de la Albufera. Cayó el Almería y el descenso se empezaba a alejar en un vestuario que pronto pasaría de los 20 a los 36 puntos.

Un punto en Valladolid ante la marea franjirroja valió para renovar de nuevo el casamiento equipo-afición que haría que siete días después de sacaran tres puntos más contra Osasuna cuando se firmaba el empate. Tocaba la visita de rigor a la Castellana y con 5-0 para casa todos sabían que las batallas eran otras. El Celta de Luis Enrique se llevó la misma medicina que todos los que le visitan desde el Valencia de Pizzi.

La confirmación del 3º milagro era cuestión de días y tocaba actuar en territorio gafe. Cornellá había vivido goleadas contra los rayistas y para no ser menos en escasos tres minutos el desajuste defensivo hacía remar contra corriente una vez más. Se remontó, se jugó al fútbol, se pudo golear, se perdonó y finalmente se perdieron dos puntos que dejan para la visita del Betis la confirmación de la buena nueva.

Veintiún puntos en lo que se lleva de segunda vuelta a falta de cinco jornadas habiendo hecho dieciséis en los primeros diecinueve partidos, cinco puntos sobre un descenso que marca el Getafe, pendientes de la visita de un Betis desahuciado y con las balas en la reserva de la visita a Granada y hasta un match-point a favor con el Getafe en casa. ¿Quién no habría firmado esta situación con 70 goles en contra y 9 partidos perdidos en Vallecas?

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