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El twitter lo carga el diablo


Maldito Jack Dorsey, el pajarito azul y su “a short inconsequential burst of information, chirps from birds” la que ha vuelto a liar. Sus 140 caracteres tan cortos e insuficientes como tan largos y definitivos, volvieron a incendiar la lluviosa tarde del sábado a orilla del Paseo de la Castellana. Bastó prender una mecha para que la vena de la yugular se hinchara hasta límites insospechados. Sabida ya la existencia de “chavalería” canterana afín a su Madrid, Barca o Atlético, ya tuvo el club de la Albufera que tomar medidas en su momento con dos jovencitos que se salieron del tiesto en demasía. Pagada la condena cerraron perfil y adiós muy buenas.

Valga la frase al uso de “no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo” para que un “tuit” sin mala intención, un mero ataque de sinceridad, una foto en chándal, un “tantos años en la grada…”, le suponga a un futbolista de la primera plantilla del Rayo Vallecano un lío tan innecesario como evitable. Lecturas mil e interpretaciones a cientos, sin más, pero un claro resumen en una sola frase: “Cuide usted de su negocio Sr. Martínez”.

Tiene el futbolista el privilegio de ser lo que quiere en la vida, lo que ha soñado desde pequeño, lo que tantas y tantas horas, lesiones y disgustos le ha costado. Miles se quedarán en nada, trashumarán por la 3ª división con suerte hasta que el destino les lleve a cambiar de profesión, pero unos pocos, no más de 400 podrán degustar las mieles del éxito, el poder vivir en 1ª o 2ª división como un privilegiado con un salario inalcanzable para el 95% de la población. A cambio sólo se les pide entrenar, incluso no jugar ni meter goles y sólo, única y exclusivamente si se les pregunta de qué equipo son, al menos ser capaz de decir “del que me paga”.

Así recuerdo que lo hizo Morena, Hugo Sánchez y otros muchos hasta la saciedad. Todos se hartaron se abrazarse a la bandera franjirroja como si les fuera la vida en ello. No se les pide más, ténganlo por seguro, y ya son cientos de futbolistas regulares, horrendos, los que se han ganado el favor de la grada por el mero hecho de decir “no hay nada como Vallekas”. Tan fácil unas veces y tan difícil otras.

¿Hace falta recordar la llegada de Jémez al Rayo? Subió a los altares en la época de Camacho y lo descendió a los infiernos de la 2ªB…no pasa nada, desde el primer día que llegó salió a los medios, explicó lo que la gente entendió bien o mal y prometió por activa y por pasiva que no quiso decir eso. Se acabó: mejor temporada de la historia rayista y a punto de obrar el 3º milagro del presupuesto más bajo de Primera con diferencia.

¿Recordamos las lágrimas de Mel en Éibar? ¡Fue fantástico, genial, impresionante ejemplo de rayismo! Sí, y llegar a Sevilla y abrazarse al beticismo como Manuel Ruiz de Lopera: un artista. ¿Culpable? No, para nada, un profesional como la copa de un pino. Coke, Piti, Michu, Javi Fuego, Delibasic, Casado, incluso hasta Diego Costa si se le pregunta, dirá: “Siento el Rayo, el cariño de la gente, el barrio, …”. Les juro que hace muchos años que ningún jugador de la primera plantilla vive en Vallekas. Ninguno llega en metro a Portazgo. ¿Y?¿Pasa algo?

Salvada la no intencionalidad del tuit, de lo que no cabe duda es del erróneo momento elegido por Nacho. Por desgracia ya se vive en las “redes” suficiente gilipollería (incluyo la mía la primera) como para que ahora sólo falte hacer pruebas de ADN para buscar antepasados rayistas en la grada y en el césped. Conviene recordar las raíces andaluzas, extremeñas, de toda la inmigración de posguerra que llegó al otro lado del Arroyo Abroñigal a buscarse la vida en un pueblo llamado Vallecas, allí dónde ponía Carretera de Valencia, las lecherías de la familia Peñalva o el pasado Guardia Civil del primer Presidente de la historia del club.   

Pongan cordura al tema, cuiden los unos y los otros las formas, utilicen al pajarito para decirse lo que se quieren los unos y los otros, las gestas deportivas, los #AhoraRayoAhora, el #JuntosPodemos. En casa, ante su familia, amigos, allegados, los que saben la verdad universal, hagan lo que quieran con sus sentimientos…eso sí, al dar a “publicar” se acabó lo que se daba.

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