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Fotografía / Rayoherald.com
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Los 300 del gallinero

En una lluviosa tarde de invierno llegaba el Rayo de Marcos Alonso a su cita con los de Valdano. No corrían buenos tiempos para los de la franja, en posiciones de promoción de descenso, sin haber ganado ningún partido fuera de casa y con muchísimas dudas tras salvar un punto in-extremis ante el Athletic de Bibao, con el gol de Aquino en el último minuto.

Tampoco estaba de dulce un Real Madrid recién eliminado de la Copa del Rey y con muchas dudas, criticado en todas sus líneas e incluso fuera de las plazas europeas. Mientras que Cota cumplía su partido 101 en primera división, los Abel, Alcázar, Baroja, De Quintana, Palacios, Cortijo, Andrijasevic, Ezequiel Castillo, Guilherme y Aquino firmaban una de las tardes más gloriosas de la historia del club.

No hubo que esperar mucho tiempo para cantar el primer gol de la tarde. Un fuera de juego mal tirado por parte de Alkorta y Hierro en el centro del campo dejaba franca la cabalgada del “Toro” Aquino. Se lo pusieron muy fácil, y sólo tuvo que levantar la vista para trazar un pase perfecto al brasileño Guillherme que de tiro cruzado batió a Buyo.

Corrió la banda con la camiseta sobre la cabeza hasta situarse justo delante de los trescientos vallecanos que saltaban enfervorecidos desde el gallinero de Padre Damián. Empapados, pero sintiéndose los más felices del universo, los aficionados rayistas disfrutaron del gol apenas dos minutos, que son los que pasaron hasta que Raúl empató el partido.

Ni la revolución en la alineación de Valdano le iba a salvar la cabeza en un Real Madrid desahuciado y abandonado por la grada. Lo que iba a ser el primer partido de la historia sin ningún miembro de la “quinta” del buitre sólo duró diez minutos. La lesión de Amavisca hizo que Míchel entrara al campo a intentar salvar de la debacle a los Laudrup y Redondo, perdidos en la presión de Cortijo y Ezequiel Castillo.

Si el barrizal de la Castellana iba a beneficiar a alguien era al Rayo. Sus contragolpes eran mortales, hasta que el minuto dieciséis de la segunda parte Guillherme apuntilló la victoria del Rayo. De aquí hasta el final los silbidos de una grada semivacía casi ni se oían sobre los “olés” de la parroquia vallecana en cada pase.

Tras esta victoria, nada más pasar el ecuador de la liga, el Rayo ganaba en confianza en una temporada que le iba a deparar aún dos partidos memorables en la memoria de todo rayista: la victoria en Mérida por 0-1 con gol de Barla, que supuso uno de los mayores desplazamientos de afición que se recuerdan, y el que es seguro uno de los goles más celebrados en el Estadio de Vallecas, el de Onésimo que valía la permanencia en la promoción contra el Mallorca.

1 comments
rafa
rafa

Matagigantes en serio!!!!

wizpanish
wizpanish

Viendo que aquella fue una noche lluviosa me alegro al mirar al gris cielo para ver como anochece en lo que será una histórica victoria del rayito!

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