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Lo mismo pero distinto


El Rayo Vallecano de ahora y el de hace un par de meses se parecen como un huevo a una castaña. Se mire por donde se mire el equipo ha cambiado, y mucho. Ni juegan los mismos ni juegan a lo mismo. Por ajustes de Paco Jémez, por iniciativa de los jugadores o por mandato divino, lo cierto es que la tecla correcta se ha activado a partir de un cambio.

Zé Castro ni estaba, ni se le esperaba. Su aparición ha dotado al equipo del orden y la contundencia necesaria en el centro de la defensa. En el lateral izquierdo otro cambio: Rat ha transformado la banda izquierda de la zaga a base de oficio. Dos cambios relevantes. Dos cambios en positivo.

Por delante de los defensores más cambios. Baena y Larrivey, suplentes por decisión técnica durante gran parte de la temporada, ahora gozan de la vitola de titulares. El argentino incluso se ha convertido en el referente anímico del equipo. A diferencia de lo que sucede hoy, el ariete arrancó numerosos partidos -Osasuna, Sevilla, Elche, Valladolid y hasta contra el FC Barcelona de los bajitos- desde el banquillo. Jugar con Larrivey o jugar sin él, y por tanto sin nueve claro, es obviamente un acercamiento táctico distinto.

Más cambios en positivo. Rochina no jugaba porque no estaba y ese Falque temeroso del primer tramo de temporada, ese que estaba por detrás de Perea y Embarba en las rotaciones de Jémez, se parece al Falque de ahora en poco más que el dorsal que luce en la espalda de su camiseta. El resto es pura coincidencia.

Es evidente que la idea futbolística de Paco Jémez no ha cambiado de un día para otro, pero es aún más evidente que desde el partido en el Ciutat de Valencia el equipo ha ajustado sus parámetros de juego. El Rayo Vallecano ha dejado de autolesionarse.

El Rayo Vallecano ya no se genera peligro a sí mismo con decisiones absurdas en la salida del balón. El Rayo Vallecano juega el doble tiempo que antes en el campo rival y la mitad en el propio, tenga quien tenga el balón.

Esta sucesión de ajustes han repercutido de manera inmediata en el rendimiento del equipo. Desde el día del cambio en Levante y dejando a un lado la pantomima del Nou Camp, el Rayo Vallecano encaja menos de un gol por partido de media, cuando antes encajaba casi tres. Lejana queda ya la estampa de Rubén rizando el rizo para buscar a un central en línea de fondo presionado por dos rivales. Olvidada quedan secuencias cómicas como la del gol regalado al Atleti en Vallecas. Una jugada, por cierto, que terminó siendo la gota que colmó el vaso -y el punto el inflexión- de una mala interpretación del juego.

En resumen, una lista positiva de cambios con un efecto positivo sobre el juego del equipo con un reflejo positivo en los resultados. Triple positividad en una batalla ganada a la tozudez que lleva camino de ganar la guerra esta temporada. Ajustar, cambiar, adaptarse al entorno y afinar ciertos conceptos no es renunciar al estilo, ni jugar al patadón, ni colgarse del larguero, ni convertise de repente en un tuercebotas o en un entrenador conservador.

Todo lo contrario: ese tipo de cambios son necesarios y positivos. Pensar que todo se ha arreglado solo y que el Rayo Vallecano juega ahora igual que lo hacía antes es un argumento solo al alcance de los que no ven los partidos de la franja cada fin de semana. Claro que el Rayo juega a lo mismo, pero distinto.

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