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Fotografía / dailymail.co.uk
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Laurie Cunningham, la fatalidad rompe sonrisas

Julio de 1989. Amanece en Madrid. Un Seat Ibiza, matrícula M-6296-FM, enfila la Cuesta de las Perdices de la Crta. de la Coruña. Dentro va un futbolista británico de ascendencia jamaicana de 33 años.

Un descuido, un momento de indecisión, quién lo sabe. El coche choca contra una farola y vuelca. Cunningham aparece a unos 10 metros del coche con una fractura en la cabeza. Nada se pudo hacer por salvarle. Aquí termina la historia de Laurie.

Una gran persona con mala suerte

Había concluido su contrato con el Rayo el 30 de junio de 1989, con el equipo recién ascendido a 1ª por segunda vez en su historia, y estaba pendiente de una reunión con el presidente del club, Pedro García, para tratar de su muy problemática renovación.

Fotografía / dailymail.co.uk

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Felines acertó de pleno en sus primeras declaraciones tras conocer la muerte del jugador: “Laurie era una gran persona que siempre tuvo mala suerte. Tenía una gran personalidad como futbolista, pero el infortunio le impidió demostrar su extraordinaria categoría. Se trataba de un auténtico profesional que nunca daba problemas ni pedía explicaciones cuando no era alineado como titular. Es más, era el único reserva que yo he dirigido que siempre me deseaba suerte antes de cada partido”.

Como escribió Martín Narrillos en El País: “Cunningham estaba sometido en los últimos años a un inequívoco fatalismo. Parecía como si se sintiera incapaz de luchar contra el destino, como si se hubiera rendido a la frustración de no haber llegado a ser nunca tanto como podría haber sido, a la evidencia de que su imagen futbolística se considerase de cristal y su sentido del profesionalismo se discutiera por lo que él llamaba su “buen gusto” por las mujeres y su afición al baile. Quizá para Laurie todo habría sido distinto si el Madrid no se hubiese decidido a invertir en él más de lo que había invertido en cualquier otro, 190 millones de pesetas de las de 1979; quizá no”.

La maldita lesión en el dedo gordo

Su perfecto dominio del balón, su velocidad y su disparo prometían convertirle en uno de los mejores extremos del mundo. Tan era así que el yugoslavo Boskov, entrenador madridista, acaso estuviese más enamorado de él que aquella hermosa rubia, Nicky, que se trajo colgada del brazo y que, tiempo después, le abandonó sin que se supiera con certeza si apropiándose de parte de su dinero.

Fotografía / futbolrebelde.org

Fotografía / futbolrebelde.org

Su rotura del dedo gordo del pie derecho le marcó de por vida. Recién operado, fue a una discoteca, quizá a varias ¿Bailó o sólo escuchó la música? La multa del Madrid habría sido lo de menos. Lo de más fue que su articulación no quedó en las debidas condiciones.

El 31 de agosto de 1986, el Rayo abría la temporada fuera de casa contra el recién descendido Hércules de Alicante, con sus dos grandes estrellas fichadas en verano: Cunningham y García Navajas. Atrás, muy atrás, quedaba el verano del 79 cuando fue contratado por el Real Madrid, y el jugador del Betis, Bizcocho, le propinó el pisotón de su vida.

En 1982 fue cedido por el Madrid al Sporting, después al Manchester United y más tarde al Marsella. Pasó al Rayo en la temporada 86-87, pero de nuevo sufrió varias lesiones. En 1987 regresó a Gran Bretaña, donde fichó por el Wimbledon, por un año, para volver a Vallecas en la temporada 88-89.

El caño a José Antonio Camacho

Cuenta la leyenda, que nada más llegar a España, no se le ocurrió otra cosa que hacerle un túnel a Camacho. Vicente del Bosque se fue hacia él, le abrazó y le dijo “por lo bajinis” lo siguiente: “Ni se te ocurra volver a intentarlo, chaval”. Vicente hablaba con conocimiento de causa después de compartir tantos años de vestuario con el defensa murciano. Dicen que no lo volvió a intentar nunca más. Hacerle un “caño” a Camacho era un auténtico pecado.

Dieciséis años de profesional son muchos en el mundo del balón redondo. Ya no estaba ni Pepín ni Morón, incluso Javi Rey se había ido al Murcia. Pero la historia de esa temporada ya estaba escrita en letras de oro desde el comienzo hasta el domingo 25 de junio de 1989, donde nombres y hombres como Soto, Botella, Mendiondo, Férez, Cunningham y Glaría dejaban al Rayo Vallecano en primera tras ganar 2-1 al Deportivo de la Coruña. Menos de un mes después, cuando aún sonaban las tracas por la Albufera, la eterna sonrisa de Laurie se truncó en una recta maldita.

Trayectoria
Leyton Orient Inglaterra 1974-1977
West Bromwich Albion Inglaterra 1977-1979
Real Madrid España 1979-1983
Manchester United Inglaterra 1983
Sporting de Gijón España 1983-1984
Olympique Marsella Francia 1984-1985
Leicester City Inglaterra 1985-1986
Rayo Vallecano España 1986-1987
Charleroi SC Bélgica 1987
Wimbledon FC Inglaterra 1988
Rayo Vallecano España 1988-1989
Títulos
1980 Campeón de Liga (Real Madrid)
1980 Campeón de Copa del Rey (Real Madrid)
1982 Campeón de Copa del Rey (Real Madrid)
1988 Campeón FA Cup (Wimbledon)
2 comments
victorpebble
victorpebble

Siempre tuvo mala suerte. Aún recuerdo sus centros con el exterior a banda cambiada.

bombadill
bombadill

Mucha culpa de mi aficion al rayo es del grana Laurie,mi padre me llevo con 5 años a Vallecas a ver al rayo y me enamora del equipo en gran parte por el.Un gran futbolista.

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