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Aquel Rayo de Manzano


Tras la victoria en Getafe, algo ya habitual estos años, los de Jémez acaban la 1ª vuelta con 16 puntos sacados con sangre, sudor y lágrimas. Cinco victorias (en todas ellas manteniendo la puerta a 0) y un empate (en el Villamarín) son el pobre bagaje de un equipo que mira la salvación a sólo 2 puntos y que abrirá el segundo capítulo de la liga contra un rival directo, el Elche.

Déjenme que miremos un poquito más atrás, exactamente a aquel verano del 98 y con la llegada de Juande Ramos a Vallecas. Fue una temporada magnífica que acabó con el broche de oro del ascenso en la promoción contra el Extremadura, abriendo de par en par la época más dorada deportivamente del club rayista. Los Keller, Llorens, Alcázar, Hernández, Cota, Ferrón, Cembranos, Poschner, Helder, Bolo, Míchel, Míchel II y Van Der Bergh, entre muchos otros, protagonizaron la que hasta el momento era la mejor clasificación de la historia: novenos con 52 puntos (y el curioso descenso del Atlético de Madrid, Betis y Sevilla).

Fueron tres años de fútbol de quilates inolvidables para la fiel parroquia vallecana, pero también la antesala de una temporada dramática en sus comienzos, valerosa en su desarrollo y mítica rozando la apoteosis en su desenlace. Nadie podrá olvidar nunca el año UEFA que se cerró con los cuartos de final en ese 3-0 de infausto recuerdo en Vitoria-Gasteiz, ese 1-5 en Villarreal que nos dio casi el liderato y que se desinfló en la segunda vuelta para acabar el 14º en la tabla.

Comenzaba la liga 2001-02 con un Rayo dirigido por Goigoetxea dónde muchos “clásicos” ya habían salido de Vallecas con mejores destinos. Ya no estaban los Keller, Ballesteros, Llorens, Amaya, pero llegaban los Graff, Peragón, Corino e incluso la 2ª oportunidad de los conocidos Ferrón y Hernández. Nada podía ir peor con 1 solo punto de 21 posibles (eso sí, fue empatando en el Nou Camp…) con la destitución del míster y la llegada de Gregorio Manzano.

Era aquel un once que el rayismo casi recordará de memoria: Etxeberría bajo palos, defensa con Alcázar, Graff, De Quintana, Corino, medio campo para Míchel, Quevedo, Pablo Sanz y Peragón, y arriba la dupla Bolic – Bolo. Habituales eran también los Arteaga, Mainz, Helder, Ferrón y Hernández en menor número de minutos. Ese Rayo llego al ecuador de la Liga tan mal o peor que el actual de Jémez. Último clasificado habitual hasta la jornada 20 y compañero de viaje de los descendidos hasta la jornada 33 marcó un punto de inflexión el 14 de abril de 2002.

Ese día recibía a un apático Valladolid harto, hastiado y cansado de errores arbitrales. Fue saltar Téllez Sánchez al césped y Vallecas se plagó de calcetines negros que el rayismo se había encargado de solicitar al respetable durante toda la semana. Un gol del francés Hernández al filo del descanso permitía al equipo de Manzano seguir soñando con la permanencia.

Hasta ahí todo normal para un equipo que difícilmente ganaba partidos y que preparaba la visita a Las Palmas como un macht ball por el descenso. Y salió cara cuando el empate era ya lo más lógico porque Corino enganchó una volea en el minuto 88 que se celebró en Vallecas como la penúltima bocanada de aire de un enfermo que creía que nadaba para morir en la orilla.

Y llegó el Athletic de Heynckes a Vallecas y “se llevó” 4 para Bilbao previos a la visita ya heroica a Mendizorrotza para ganar 0-1 y acabar la liga venciendo 1-0 al Celta de Víctor Fernández. Agárrense los machos porque ese Rayo acabó la liga con 49 puntos, en 11ª posición con 13 victorias siendo las 5 últimas seguidas. Ese Rayo acabó la 1ª vuelta con 16 puntos…hizo 33 en la 2ª vuelta. ¿Lo firmamos ya?

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