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Héctor Sánchez / Rayoherald.com
Héctor Sánchez / Rayoherald.com

Perdidos

El Rayo Vallecano atraviesa uno de los momentos más complicados de los últimos años. En el apartado deportivo, el equipo no se veía inmerso en una situación similar desde la temporada 2003-04, culminada con el descenso a Segunda División B.

Desde entonces, los franjirrojos han acumulado cuatro temporadas ganadoras en la categoría de bronce, otras tres en Segunda -sólo con algunas dificultades para mantenerse el segundo año- y dos más en Primera siempre fuera de los puestos de descenso.

En el apartado institucional, la pérdida de abonados y el conflicto abierto con los aficionados -horarios, pancartas, concurso, entre otros muchos- están marcando la gestión de Raúl Martín Presa. La mala dinámica del equipo acentúa una desunión que cada día pasa más factura al futuro de la entidad.

Perdidos en identidad

De los 25 jugadores que han participado en el equipo apenas un par (Cobeño, Tito) jugaron con regularidad en Segunda. Solamente ellos dos, junto con Lass y Trashorras son fácilmente identificables con la franja roja. La reciente experiencia en Segunda B y lo que representó esa etapa para los valores del club es desconocido o queda muy lejos para la inmensa mayoría del grupo.

La pérdida de referentes dentro la plantilla es la consecuencia de un proceso de renovación inadecuado. Aunque en la mayoría de los casos el trasfondo de la salida de jugadores franquicia haya sido económico, la pérdida de identidad no se ha manejado con el cuidado necesario. Este valor, intangible en situaciones favorables, toma especial relevancia en situaciones adversas como las que afronta el Rayo Vallecano esta temporada.

Perdidos entre el qué y cómo

Se ha perdido la claridad del juego que marcó la espectacular campaña del año pasado. A día de hoy la idea se ha comido al propósito. Se ha olvidado el qué (ganar) por el cómo (combinar por encima de todas las cosas, aunque no se pueda). El Rayo Vallecano acumula toneladas de posesión, la gran mayoría en campo propio o en campo contrario ya con el marcador muy en contra. Las cosas, buenas y malas, pasan cerca del área de Rubén o de Cobeño, los rivales lo saben y se aprovechan de ello, porque una idea fija e inmutable, por buena que sea, te hace previsible.

Y ser previsible es terrible en cualquier juego. Cuando juegas 18 veces a un juego y pierdes 13 es que juegas mal a ese juego, se mire por donde se mire. Jugar bien al fútbol es desarrollar una estrategia optimizando tus recursos para conseguir un objetivo: ganar. El Rayo lo hizo el año pasado, pero este no. Las dudas colectivas, sumadas a los errores individuales, condenan al equipo.

Perdidos en lo social

Si en un apartado el Rayo está perdido es en el social. Más allá del conflicto abierto con la Plataforma ADRV, la cantidad decreciente de abonados y el vacío de la grada son indicadores determinantes del fracaso del club en este apartado.

Evidentemente tres partidos por 27 euros es un precio barato. ¿Pero qué más da si no lo sabe nadie? Elevar a la categoría de promoción una simple rueda de prensa o un anuncio por web con el esquema de precios por partido es un error. Para promocionar un producto, sea el que sea, hay que realizar un conjunto de actividades para darlo a conocer e incrementar sus ventas.

Hacer cábalas y exprimir la lógica de un fichero excel, euro arriba euro abajo, no va a solucionar el problema de base, por mucho que se ajuste el precio. A día de hoy, la tendencia de interés es negativa. No sólo se está lejos de conseguir nuevos abonados, sino que se están perdiendo.

Perdidos en los despachos

En el campo se perdieron dos efectivos -José Carlos y Seba Fernández- y en los despachos no se ha reaccionado. Siempre teniendo en cuenta lo ajustado del presupuesto, lo cierto es que no se ha actuado a tiempo, ni cuando se produjeron las lesiones ni en el mercado invernal. Ya se han disputado dos partidos en enero sin efectivos adicionales. Fichar a finales de mes supone tener a los refuerzos en forma e integrados en el grupo a finales de febrero. Demasiado tarde.

Además, la plantilla confeccionada en verano ha resultado ser a todas luces insuficiente. La batalla concursal ha vencido a la deportiva y no se ha reinvertido lo suficiente para mantener el nivel de la plantilla. Ni el ahorro de las tres fichas más grandes de la anterior plantilla -Javi Fuego, Delibasic y Piti- ni el traspaso de Léo Baptistao se destinaron a fichar recambios de garantías. El único esfuerzo ecónomico se realizó con Paco Jémez, avalado por la mejor temporada en la historia del club.

En ese sentido, la lucidez, claridad y métodos de Paco Jémez el año pasado han dejado paso a un puzzle que no encaja. Desafortunadamante, la histórica campaña del año pasado no suma puntos para esta, y al técnico le está costando dar con la tecla. Inmersos en el mes de enero, sus jugadores interpretan el guión propuesto con muchas dudas, dejando a menudo la sensación de estar perdidos sobre el campo.

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