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Fotografía / Rayoherald.com

Cantera parabólica

Reconozco que el pasado domingo sentí envidia sana de los aficionados pericos. En su equipo un delantero como Sergio García recordó en Vallecas al jugador que un día consiguió levantar una Eurocopa. Mientras, Stuani cabalgaba los escasos cien metros lisos que parecían separar su localidad natal de Tala (Uruguay) hasta el fondo de Teniente Muñoz Díaz.

Seguidamente, los compañeros de butacas, rayistas todos, comenzaban a airear la grada, resignados por la fragilidad defensiva del equipo y clamando a un posible regreso de Léo Baptistao a Vallecas. «Somos unas madres en defensa», «No tenemos delanteros» o «A ver si el Atléti nos deja a Leo en enero» fueron las frases que sirvieron como despedida aquella tarde.

Buscando respuestas, eché la vista atrás hacia la cantera del Rayo -la misma que en muchas ocasiones ha dado la cara con acertados revulsivos- y que ahora permanece impasible en una balsa de aceite, sin aportar al primer equipo lo que más necesita en estos momentos: un delantero y un defensa central.

No hace falta haber visto los catorce partidos del Rayo Vallecano para darse cuenta de la carencia de un equipo con apenas liquidez, con plaga de lesiones y sin recursos efectivos en posiciones específicas. El overbooking de jugadores habilidosos, de banda y, por lo general, débiles físicamente para una categoría tan exigente como Primera División, está desbordando la gestión deportiva de un club que ha preferido experimentar con Arbilla, Saúl, Viera o Bueno antes de buscar en su cantera defensas o delanteros naturales. Básicamente, porque no hay dónde rascar.

El traspaso de Léo Baptistao al Atlético se llevó consigo la receta del último delantero formado en Vallecas, al igual que sucediese un año antes con el extravío del carácter defensivo de la franja en el camino de Arribas a Pamplona. Ejemplos de los dos últimos jugadores con pasado franjirrojo, más allá del primer equipo, que defendieron dos de las posiciones que hoy hacen aguas en Portazgo.

Supuestamente, según los libros de estilo, el Rayo Vallecano forma jugadores en sus categorías inferiores para que algún día puedan servir a los intereses del primer equipo. Sin embargo, la realidad de esta situación viene cuando un entrenador de Primera División, que intenta no perderse un partido del Cadete B, opta en un momento crítico por una alineación de circunstancias, haciendo malabares sin malla de seguridad, evitando recurrir a centrales naturales de los diferentes equipos que conforman la cantera.

Una decisión que obliga a cuestionar, a las puertas de diciembre de 2013, la verdadera gestión del fútbol base del Rayo Vallecano, llevando incluso a abrir el debate sobre si el Rayo tiene un futuro asegurado en Primera División fundamentado en su cantera o si, por el contrario, seguirá dependiendo de la parabólica que atrajo a los Nacho Martínez (Getafe) o al último en hacerlo, Adrián Embarba (Real Carabanchel). De momento, se impone lo segundo.

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