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Sobredosis de jabón


Me gusta que la gente hable bien del Rayo. A todos nos gusta que se hable bien de nuestras pasiones, de aquellas cosas que forman parte de nuestras vidas. Suele ser una señal de que el trabajo se está llevando a cabo de manera positiva. Pero rehuyo las opiniones que llegan arrastradas por la corriente del tópico, del latiguillo, de una pegatina tan duradera que aguanta las inclemencias del frío y de la lluvia.

El Rayo Vallecano de Jémez completó una temporada majestuosa. No sólo por los resultados y la clasificación, los mejores de su historia, sino sobre todo por su propuesta, por su fútbol y por su sorprendente facilidad para enamorar. El míster y los jugadores se ganaron cada gramo de elogio hasta llegar a la tonelada y media. Una campaña para el recuerdo, para los libros de historia de la franja roja.

El míster y los jugadores se ganaron cada gramo de elogio hasta llegar a la tonelada y media.

Pero este pasado verano comenzó otro curso. Alumnos nuevos, menos potencial (escrito está en este mismo medio), plaga de lesiones y mismo desafío, la salvación. Y hete aquí que tras 14 jornadas durísimas, con más oscuros que claros y con carencias alarmantes en la plantilla y en el equipo (no es lo mismo), asisto con perplejidad a como muchos siguen en su paraíso de piruletas de fresa, nubes de colores y deliciosos ositos de diferentes sabores. El Rayo juega como los ángeles, el Rayo no tiene suerte, el Rayo es valiente, el Rayo merece muchos más puntos. Los que sólo ven al Rayo contra el Barça y el Madrid (están en su derecho, por supuesto, pero les deslegitima para hacer juicios rotundos) llenan de jabón el juego del Rayo Vallecano.

Pues no. Y no hablo sólo de resultados, penúltimos con 10 derrotas (el que más) y 34 goles encajados (el que más). Hablo también de sensaciones y de fútbol. Apoyo a muerte por convicción la propuesta de Paco Jémez, pero la realidad es que esta temporada sólo la ha podido ejecutar en escasos ratos de fútbol. Al final, cualquier estilo necesita para triunfar unos mínimos mecanismos defensivos y alguien que meta goles, y este Rayo adolece de ambas virtudes. He visto 13 partidos del Rayo en directo y el de ayer esta mañana en diferido. Y no es cabal la nube de excelente fútbol que pasea cierta crítica respecto al Rayo de este curso.

No vivamos instalados en un palacio con habitaciones de oro, perfumes aromáticos y grandes comilonas porque nada de eso es real.

Conclusión. El Rayo está donde tiene que estar, peleando a cara de perro por la salvación con otros siete equipos. Esto es lo normal, no el temporadón anterior. Pero no vivamos instalados en un palacio con habitaciones de oro, perfumes aromáticos y grandes comilonas porque nada de eso es real. La realidad es que el equipo debe corregir rémoras imposibles de mantener en Primera División. Y que hay futbolistas que tienen que mejorar su rendimiento. Estoy convencido de que muchos de los que veis al Rayito cada fin de semana compartís estás reflexiones… aunque os pirren (como a mí) las piruletas de fresa.

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