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Fotografía / Enrique Landáburu
Fotografía / Enrique Landáburu

Rayistas en Bulgaria

‘Rayistas por el Mundo’ se sube a la bicicleta para contar un nuevo episodio de la pasión por la franja roja en el extranjero. En esta ocasión, el destino es “Bulgaria y sus preciosos paisajes”, puntualiza Enrique Landaburu, quien con la elástica franjirroja, una bicicleta y un grupo de aventureros recorrieron una ruta de una belleza exultante.

La bicicleta como protagonista

Bajo las órdenes de un guía ciclista llamado Bob, y de otro guía que viajaba en coche (Martín), el grupo compuesto por nueve personas se adentró en las profundidades de Bulgaria en una aventura realizada en septiembre de 2013, cuyo sentido se fundamenta en “la afición por la bicicleta BTT y conocer otros lugares y culturas, pero a otro ritmo”, especifica este rayista aventurero.

Enrique y Ángel son dos abonados del Rayo Vallecano que no se conocían. Coincidieron en Bulgaria y los dos “llevábamos nuestras camisetas con la franja para lucir nuestro rayismo por el mundo”, en una ruta marcada por “la dureza y repleta de caminos duros”, relata Enrique, quien refleja que se movían por “alturas que han ido de los 1.500 a los 2.600 metros”.

Para llevar a cabo esta aventura sobre dos ruedas el grupo se organizó a través de una agencia especializada. Cada uno de los nueve miembros procedían de distintas zonas de Madrid “y no todos éramos amigos”, detalla Enrique. Eso sí, “reinó la cordialidad y el buen ambiente en todo momento”.

Disfrutar del paisaje búlgaro

Una ruta complicada, dura y exigente que “quedaba sobradamente recompensada gracias a la espectacularidad de los valles, de los bosques infinitos y de una gran cantidad de lagos y paisajes que hemos atravesado, todos ellos de una gran belleza”, relata Enrique.

Turismo y buena acogida por parte del pueblo búlgaro en un viaje en el que “recorrimos las estribaciones de Los Balcanes, con Los Ródopes de principales testigos”, cuenta este rayista. La programación del viaje les hacía dormir cada día en “pueblos diferentes”, desde que arrancaron el viaje en Sofía, la capital, pasando por poblaciones como Govedarts, Yakoruda, Dospat y Trigrad.

Pero sin duda, las buenas sensaciones de este grupo de rayistas aventureros atisba en el hecho de que “en todos y cada uno de estos pequeños pueblos nos han tratado de forma inmejorable, haciéndonos partícipes de su rica gastronomía y tradiciones”, sentencia Enrique.

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