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¡Porque Gómez Carbajo lo vale!

Refrito de diariodepontevedra.com

El nombre de Gómez Carbajo ya está escrito en el libro negro del granatismo más forofo, está tatuado en la memoria colectiva del hooligan pontevedrés, al lado de otros gloriosos fracasos del pito de Pasarón, como Llorente Carcedo (aquel del partido contra el Castellón) e individuos de negro con problemas de vista y/o carácter.

Gómez Carbajo le arrancó el rabo y las dos orejas al Pontevedra, lo toreó, le clavó las banderillas, lo condenó a una muerte segura delante de un expectante Rayo Vallecano. En el argot de una enfurecida afición local su actuación se describe como un «atraco». Pero se vio ayudado por la falta de pericia de los futbolistas. Nadie tiene derecho a entrar a robar en casa del prójimo. Pero si su interés es hacerlo, el afectado ha de cerrar y esconder bien la llave.

Ayer los propietarios de Pasarón dejaron su casa mal resguardada. Los jugadores le enseñaron el camino al señor de negro hacia su consagración como fantasma de la mente de Pasarón: Mannara se fue tras una entrada con los dos pies por delante y abajo. Segunda amarilla. Merecida. Expulsado. Charles gesticuló desafiante para solicitar amonestación a un rival. Segunda amarilla, rigurosa pero posible. Expulsado. Fede Bahón sujetó el esférico para ralentizar un saque de banda. Más que rigurosa, pero en reglamento. Expulsado. Le pusieron en bandeja su trabajo en una tarde de locura.

Todas las expulsiones acaecieron en la segunda mitad. Todas con el marcador 1-0. A partir de la primera exclusión el encuentro, que hasta entonces había estado carente de juego, el fútbol se convirtió en un circo italo-americano, algo de magia italiana y algo de sensacionalismo americano.

El juego desapareció y el cuadro granate simplemente se dedicó a defenderse numantinamente (más cuantos menos eran sus efectivos) ante un rival en crecimiento necesario. Se defendió con diez, se defendió con nueve y se defendió con ocho. Pero los milagros los reparten en Lourdes, en A Franqueira y en Fátima. En Pontevedra, mal que le pese al padre Alcántara, aún no se conoce ninguna gesta religiosa de calibre mundial.

El Rayo acorraló a los chicos de granate. Salvó Cabrera una vez, salvó Paco Bazán varias, pero la remontada se produjo. En el minuto 96 por el reloj popular y 89 por el del colegiado (un partido dura 90 minutos; lo del descuento no computa a efectos de la medición del juez del choque) Gómez Carbajo consideró que su trabajo había alcanzado el final. «40 ó 50 almohadillas y botellas semivacías de agua», expresó en el acta, lo llevaron a detener el encuentro, a suspenderlo, justo después de que el Rayo Vallecano lograse el 1-2, obra de Raúl Molina.

Antes de que ninguno de los dos tantos vallecanos se reflejasen en el marcador final, el público se las ingenió para colocar varias veces tres pelotas sobre el césped, con la intención lograda de obligar a detener la contienda. Paco Bazán despejó el cuero a la desesperada en busca de la pérdida de tiempo, paró mucho. Pero no pudo ni con De Gomar ni con Molina, representantes del arsenal que maneja Míchel.

El bloque madrileño ha ganado ya dos choques de liga contra ocho futbolistas. Sus victorias se rodean de polémica demasiado pronto para lo que desea el fino estilista que dirige el cotarro desde el banco, tan elegante como jugador cuando estaba en el Madrid como ejerciendo de orador de los vestuarios en los tiempos que corren. Le dolió noquear de aquella forma a su oponente, le dolió que no hubiese espectáculo.
Y es que lo poco que hubo en la primera mitad no pasará a la historia. Es como si se pretende que un chaparrón salga en el telediario el día del Katrina.

Los primeros quince minutos fueron del Rayo. Dos ocasiones muy claras se produjeron de los madrileños antecedieron el 1-0 de Yuri. El Pontevedra se volvió a beneficiar de una pifia rival. La finalización del brasileño fue buena, muy buena. Después, pocas ocasiones, envite soso hasta que los hombres de calidad del Pontevedra, hasta entonces ocupados en oscurecer al rival más que en brillar, se desataron. Charles, Montenegro y Baptiste intentaron hacer daño al contrario y Coke, al filo del descanso, al otro lado del territorio de césped, fue el que más cerca estuvo de marcar para el Rayo. Lo evitó Paco Bazán, muy felino en su actuación.

Del resto, mejor olvidar. Aunque el Pontevedra no podrá. Deberá hacer frente a varias amenazas de sanción y a una herida en el alma de sus más incontenibles «fans».

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