Principal > Opinión > La mentira del juego limpio

La mentira del juego limpio

Una curiosa jugada en la recta final del partido entre Rayo Vallecano y Nástic de Tarragona volvió a poner de manifiesto que tirar el balón fuera cada vez tiene menos que ver con el juego limpio.

Balón fuera….si me conviene

Minuto 90 en Vallecas, el Nástic pierde por tres goles a dos y Jose Mari permanece tendido en el suelo dentro del área de Cobeño después de un choque con Diamé.

El balón queda a los pies de un defensa del conjunto catalán que mira hacia campo contrario y ve a su compañero en el suelo. Duda, piensa en tirarla fuera, pero estamos en descuento y su equipo va perdiendo.

La duda deja paso a la decisión y el balón vuela hacia el área del Rayo, de hecho muy cerca de la zona donde Jose Mari estaba tumbado boca abajo. «Si le pisa alguien es penalti claro», debió pensar en una acción que no hace sino confirmar que lo de tirar el balón fuera es un timo, un cuento chino, una triquiñuela demasiado conocida y casi siempre un ejemplo de juego sucio.

Hay que reconocer que el concepto original es correcto. Detener el juego de manera voluntaria cuando un contrario está herido debería ser un gesto de cortesía, una muestra de deportividad que bien entendida por los participantes podría tener sentido, pero no es el caso.

Mentiras y simulaciones

Otro motivo para tirar el balón fuera sería agilizar la asistencia médica del jugador lesionado, algo que en realidad ya pasa por defecto porque cuando algo grave sucede -desvanecimientos, golpes con sangre y demás jugadas aparatosas- todos los implicados se dan cuenta y piden el ingreso rápido de las asistencias, sin importar en absoluto la posición del balón.

El resto de casos son mentiras y simulaciones en las que bien se está fingiendo una lesión o bien no hay ningún tipo de urgencia para la asistencia y se puede esperar perfectamente a que la jugada termine. A estas alturas está claro que esa especie de regla no escrita entre caballeros carece de sentido: el balón se devuelve lo más lejos y de la peor manera posible, todo ello un claro ejemplo de juego sucio.

Imposible acertar

Además y por si fuera poco, no hay forma alguna de acertar. Si un jugador no la tira fuera los rivales se le echan encima, pero si lo hace sus propios compañeros se lo van a recriminar. La grada lo tiene claro, cuando su equipo va ganando y su jugador está en el suelo hay que tirar el balón fuera, el pobre está lesionado. Sin embargo, cuando van perdiendo y es el rival el que está en el suelo hay que seguir jugando, el contrario está simulando para perder tiempo, esto es un atraco y espero que el árbitro descuente el tiempo perdido.

Relacionar juego limpio y echar el balón fuera es prácticamente imposible a día de hoy. Lo mejor es hacer lo que propuso el Valladolid de Mendilibar, presente por cierto el sábado en la grada de Vallecas, hace un par de años: avisar con antelación a colegiado, rivales y público por megafonía que sus jugadores no tirarán nunca el balón fuera, llueva o truene, sea el minuto que sea, esté un rival o un jugador de su propio equipo en el suelo.

Así la decisión de parar el juego -más allá de en aquellas jugadas obvias donde enmudece todo un estadio por el golpe- queda en manos del colegiado, se acaba con la triquiñuela y lo peor que puede pasar es que a un jugador le atiendan de un esguince unos instantes más tarde. Un pequeño peaje que los inocentes tendrán que pagar porque la mayoría de sus compañeros no saben o no quieren interpretar una norma demasiado limpia para los amigos del juego sucio.

<