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Empate en Anoeta


Tenía el Rayo a un genio inacabado dotado de una pierna izquierda solemne, superlativa, desquiciante y sorpresiva. Por desgracia, hace ya unos meses que esa dote anda huérfana por la Albufera, y Míchel, propietario y responsable de mejores tardes de fútbol, desquicia a la par a propios y extraños.

Sin él el equipo es un dibujo anárquico que flota por el césped. A veces aparece la intermitente luz de Diamé, otras la de Enguix, pero siempre pocas para lo que se atisbaba a principios de temporada.

Superioridad local en la primera media hora

Y así se presentó el Rayo en San Sebastián, extraño en la composición táctica, con unas bandas inoperantes en el antecedente del día del Levante, una dependencia de Aganzo al alza y unas ausencias en la convocatoria que dejaban un tufillo a castigo semanal.

Anoeta añora tiempos mejores y no se merece una gestión naufraga al grito de “directiva dimisión” a un palco recién aterrizado. Con un equipo aseadito, mezcla de veteranía (Gerardo, Xavi Prieto,…) y pubertad, las huestes de Lillo lo tuvieron fácil para maniatar a un Rayo que se presentó con un “más de lo mismo” y donde no ocurría nada fuera de esa “anormalidad” que impera en los vallecanos desde hace unas semanas: Piti ha seguido peleado con el gol y van diecinueve partidos de liga, el experimento de los laterales sigue su cauce con un Coke a pierna cambiada y Albiol desaparecido desde hace… (lo de Juanma y Lllorens terminará explotando por algún lado), Salva superado por un gran Tena (enorme el partido del central, templando, dando pases en profundidad, controles orientados,…), Pachón peleándose con todo, etc…

A priori hoy era el día y uno piensa que llegar a jugar en Anoeta es cumplir un sueño de futbolista que quiere ser algo en esto del balón redondo, pero parece que a los nuestros nos les hizo esa ilusión, porque está cogiendo el Rayo la insana costumbre de desconectarse a ratos de los partidos y lo hace con un bagaje negativo en el marcador para cuando decide volver.

Hoy esa extraña rutina le ha hecho tirar los primeros treinta minutos de partido, “dejarse” meter un gol que podían haber sido dos o tres, según la suerte del rival, y recibir desde la banda un aviso de que “cuando les apetezca empiecen a jugar”. Así se llega al minuto treinta con el marcador en contra, persiguiendo sombras blanquiazules por el césped y con la tarea de encarrilar un partido “regalado” al contrario.

Si Aguirretxe aprovecha un balón dejado muerto por Cobeño en la frontal del área no es si no por la inoperancia y desgana de un equipo acomodado sin venir a cuento, con las líneas inconexas entre si, con un Pachón sólo en la lejanía de la línea de tres cuartos y un Piti obcecado por recibir en el medio del campo, muy lejos de su posición de media punta y negado en el gol.

A partir de aquí aparecen los nombres necesarios en el medio del campo, con un Diamé desaparecido hasta el momento, se empiezan a tirar diagonales a Collantes y Jofre, y llegan las dos oportunidades más claras del partido y el protagonismo del portero realista. Primero Piti de tiro desde la frontal a bocajarro y una de Collantes que Bravo saca casi desde un poste, salvando Ansotegui desde la raya de gol el posterior remate de Pachón.

Primeros minutos para Sousa

Con el equipo cayendo por la mínima Mel se juega la baza de dar minutos al recién llegado Sousa (primeros de toda la liga para el andaluz), saca del once a un Piti necesitado de banquillo (algún día habrá que pedirle explicaciones al mister por la “desaparición” fulminante de algunos jugadores como Carlos de la Vega, Perera o Rubén Reyes, mientras que otras “vacas sagradas” siguen con la venia perenne) y sigue con la dinámica de tener que remontar los partidos fuera de casa, como ya le tocó hacer en Tenerife, Elche o Albacete.

Sin las ocasiones claras de los últimos minutos de la primera parte el Rayo se hizo dueño y señor de la parcela ancha, tomó el balón como propiedad y la Real se diluyó esperando tiempos mejores o un golpe de fortuna como un larguero a falta de cinco minutos para el cierre.

De aquí hasta el final un querer y no poder hasta que por fin se le pita al Rayo un penalti a favor después de casi media liga, y llega en el momento clave, pudiendo haber pitado uno mucho más claro a Pachón unos minutos antes. La mano del realista es clara, sin dejar lugar a la duda (la expulsión sí que es más discutible) y por allí tiene que aparecer el de siempre, Aganzo, engañar al portero con una zurda imparable que da al Rayo un punto más que merecido, pero que ya se escapaba como tantas otras veces fuera de casa.

Real Sociedad: Bravo, Gerardo, Mikel González, Ansotegi, Castillo, Bergara, Marcos (Necati, min. 60), Aranburu, Sergio (Moha, min. 60), Xabi Prieto y Agirretxe (Estrada, min. 71).

Rayo Vallecano: Cobeño, Coke, Salva, Tena, Collantes (Aganzo, min. 65), Jofre, Diamé, Míchel (Manolo, min. 82), Albiol, Pachón y Piti (Sousa, min. 46).

Goles:
min 17 – Aguirretxe aprovecha un balón al borde del área
min 90 – David Aganzo de penalti

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