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La senda olvidada

Han pasado más de dos años de la última visita a Vallecas del popular equipo de la localidad madrileña de Moraleja de Enmedio. Por aquel entonces, el Internacional de Madrid quedaba encuadrado en el grupo del Rayo Vallecano B en Copa Federación junto al Alcobendas Sport y el Real Madrid C. El filial franjirrojo vivía, probablemente, el mejor momento de su historia. Imbatido en su segundo año en Segunda B y llegando a cuartos de final de una Copa RFEF de la que en Vallecas ya no se quiere saber nada.

Un gol del actual arrillero del Lleida Esportiu, Jaime Mata, y otro de Nono, ahora en el filial del Almería, de penalti, pusieron todo de cara al Rayo B, que acabaría imponiéndose al cuadro interista por 2-1 en la víspera de la visita del todopoderoso Albacete quien, a la postre, también saldría derrotado de la Ciudad Deportiva en una tarde para el recuerdo de Dani González (Arroyo CP).

El filial caminaba firme por el camino del éxito, la vida era de color franjirrojo para el filial. De un franjirrojo intenso. Todo rival que visitaba territorio rayista terminaba rendido en resultados y elogios ante un grupo de jugadores que pedían a gritos a Sandoval un lugar en la primera plantilla. Dos años después, la intensidad de aquella época se ha ido desgastando, como quien, poco a poco, va perdiendo el norte en medio de la montaña. Hasta tal punto, que el Rayo B ha tenido que volver a agarrar la brújula y descender algún peldaño para dar de nuevo con ese tono que le paseó por media península en los tres años de Segunda B.

El filial rayista ha vuelto a sus orígenes para, además de reencontrarse consigo mismo, volver a coincidir con rivales, vecinos especiales e históricamente peliagudos como es el Inter de Madrid. Los de Moraleja de Enmedio se medirán esta vez a un equipo con un plantel totalmente renovado. Ya sin Lèo Baptistao, un espigado y desconocido jugador que por aquel entonces todavía se dolía de su maltrecho hombro, ni tampoco con un tierno Alberto Perea, una diestra privilegiada recién llegada del Manzanares y afilada en la armería de Vallecas.

El único testigo de aquel partido de Copa RFEF, Isma Gil, esta vez no estará en el banquillo. El guardameta y capitán rayista se convertirá, una vez más, en el líder del filial en la sobremesa del domingo para intentar que aquella noche de septiembre de 2011 se vuelva a repetir, al menos en su desenlace, que no fue otro que dar un paso más en la ascensión que consagró al Rayo Vallecano B en la mejor temporada de su historia. El domingo, el fútbol le dará al filial la posibilidad de retomar la senda para recuperar el color intenso. Una ruta que un día quedó olvidada.

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