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Aquel año por Europa

La portería era de Martín Herrera. En defensa, el rumano Contra, el noruego Eggen, Karmona y un Téllez en su mejor momento. La banda izquierda quedaba en manos de Geli, con Desio y Tomic, sustituido en ocasiones por un histórico como Pablo Gómez (ex rayista y actual entrenador del Alavés B).

Adiós Europa

En las bandas Ibón Begoña y Astudillo, asistiendo a los jugadores de ataque, con Jordi Cruyff, Iván Alonso y, sobre todo, Javi Moreno, auténtica revelación de la temporada (22 goles en Liga) y cuya carrera posterior le llevaría a equipos como Milán o Atlético de Madrid.

Vaya semana que pasamos. El 8 de marzo de 2001, Alavés 3 – Rayo 0, cuando soñábamos con aguantar el 1 – 0 que llevábamos hasta el minuto 78, el domingo liga en Vitoria, y el 15 de marzo, Rayo 2 – Alavés 1, en el partido de vuelta de Cuartos de final de la UEFA. Adiós Europa.

En semifinales le “cascaron” un parcial de 9 – 2 al Kaiserslautern, tras haber eliminado en octavos nada más y nada menos que al Inter de Milán, para caer en la final 5 – 4 contra el Liverpool, en un partido increíble en el Westfalen Stadion de Dortmund. Por detrás ya habían quedado Gaziantepspor, Lilleström y Rosenborg.

Tras aquella final, el Alavés permenecería dos temporadas más en primera, hasta que en la 2002/03 certificó un nuevo descenso a Segunda División…adivinen quién les acompañó. Fue el 1 de junio de 2003, era casi un milagro, y los milagros no suelen ocurrir y menos en Vallekas.

Recreativo de Huelva, Rayo Vallecano y Alavés eran desde ese día, ya matemáticamente, equipos de 2ª división. Debían lograr los tres puntos, amén de depender de otros, pero ninguno consiguió el objetivo. Los vallecanos sólo empataron (1-1) contra el equipo del entrenador que nos salvó el año anterior, el Mallorca de Manzano. Por su parte el Alavés sucumbió en casa contra el Betis.

Cuartos de final de la UEFA

Pero volvamos a centrarnos en lo que pasó 2 años antes. 23 de febrero de 2001, Burdeos. El Girondins y su glorioso pasado, su fama y su caché saltaron por los aires. El Rayo tuvo la culpa. Empeñado en prorrogar su sueño, el cuadro de Vallekas se asomó al estadio Chaban-Delmas y lo dejó cubierto de un silencio fúnebre, sólo roto por los gritos de los aficionados rayistas.

Quevedo le mandó un fantástico pase largo a Bolo, que rompió con habilidad el fuera de juego, y Rame, el portero, decidió detenerle como fuera. El árbitro expulsó a Rame, pero, además, se le fue la mano al determinar que aquello era penalti. Sin embargo, el atropello se produjo al menos un metro fuera del área. Vallekas y el rayo se plantaban en los Cuartos de final de la UEFA dejando eliminados al Constellació de Andorra, al Viborg, al Molde y al Lokomotiv de Moscú.

Todos soñaban con un Rayo – Inter de Milán, pero no, para llegar a la final contra el Liverpool (“¡¡El año que viene…!!”), había que eliminar al Alavés de Mané. Qué levante la mano el que no dijo “estamos en semifinales”. El partido de vuelta era en Vallekas, aspecto que facilitaba la operación. Pero no, por que el destino nos deparó un partido horrible en Vitoria. Tras el 3 – 0 de la ida, el Rayo volvió a la cruda realidad de la machada imposible.

Un 3-0 imposible de remontar

Muchos rayistas recordarán que en la historia reciente ha habido dos ocasiones en las que hemos tenido que levantar un 3–0. Para la primera hay que irse a finales de los 80, cuando en una promoción de ascenso a 1ª, el Murcia nos endosó tres goles que acabaron con las ilusiones vallecanas.

Esta era la segunda y no hizo falta que el balón rodara mucho para ver que aquello había que encararlo al abordaje, más que nada porque si no estaba el equipo para el toque en cualquier partido de medio pelo, menos lo iba a estar cuando de lo que se trataba era de reducir a cenizas al futuro finalista y verdugo del Inter de Milán.

Contra, en un avance del Alavés, subió su banda y la puso abajo. Llegó a Jordi Cruyff y resolvió como hacen los buenos. El Rayo se encontró, de sopetón, con que ya no era cuestión de marcar tres goles para seguir soñando. Era cuestión de marcar cinco. Llegó el penalti de Karmona a Bolic. Diez miniutos restaban, pero ya nadie en Vallecas pensó que la historia tuviera otro final que el que tuvo.

Al final llegó el homenaje como cierre al que ha sido hasta ahora el partido más grande del Rayo en sus 84 años de historia. Más de siete años después el Glorioso vuelve a Vallekas ya sin la bandera de la UEFA en los palos de Payaso Fofó.

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