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Las cuatro esquinas

Se acabó una primera semana de competición marcada por la igualdad y la emoción hasta el último instante. El tiempo de descuento, que tan buena función hizo para los rayistas el miércoles en Huesca, jugó esta vez en contra y dejó un sabor agridulce en la expedición visitante.

Las sensaciones durante el partido también fueron variadas. Por un lado queda la lectura positiva de un equipo que encaró el encuentro con una disposición ofensiva basada en el toque y la posesión de balón. Por otro la pena de ver como se esfuman dos puntos en el tiempo de descuento, en una jugada desgraciada, pero ya con el equipo demasiado metido atrás.

Por supuesto que cualquier tipo de reflexión queda distorsionada si introducimos la variable de los cuatro últimos años en la ecuación, pero ya hablamos mucho del infierno cuando estábamos dentro y va siendo hora de pasar página, más aún con las buenas sensaciones que trasmite el equipo en este arranque de temporada.

Las cuatro esquinas

Más allá del encuentro de ayer en el Rico Pérez, me gustaría compartir ciertas reflexiones sobre una jugada muy particular que se repite en muchos partidos. Hay ocasiones en las que me gustaría que cambiaran la forma del campo y lo hicieran ovalado, sin esquinas, para despistar a aquellos que se acercan al córner con el único fin de perder tiempo. No sé quién fue el primero en hacer esa jugada tan absurda que muchos se encargan de repetir en los minutos finales de cada partido, pero desde luego que el fútbol tiene poco que agradecerle.

Algunos dirán que la jugada al fin y al cabo es práctica, pero yo particularmente no lo comparto y solamente veo efectos negativos para el equipo que la practica. Cuando el delantero se acerca al banderín, generalmente abriendo los codos y sacando culo en una posición ridícula, su equipo se queda sin objetivo, se olvida de dónde está la portería contraria y se activa el modo más conservador y defensivo de los centrocampistas. Poco a poco las líneas se replegan, el centro del campo renuncia a las jugadas de ataque y el equipo contrario se hace dominador del partido.

Por si fuera poco, el mensaje llega a varios receptores más. Los aficionados rivales se levantan de sus asientos, abandonan las dudas, silbidos y críticas a su propio equipo, reconciliándose con los suyos y animándolos con más brío a la remontada. Al árbitro tampoco le suele hacer mucha gracia esa jugada y suele pitar saque de puerta la toque quien la toque en última instancia. No sé si un banderín con descargas eléctricas ayudaría a solucionar el tema, pero algún día la tontería acabará en una pierna rota. A los defensas despechados les gusta ese vacile casi lo mismo que las bicicletas del Robinho de turno.

Asumo que no tardaré mucho en ver de nuevo esa jugada, tanto por parte de los nuestros como por la de sus rivales, pero repetiré mil veces que a mi no me gusta.

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