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Fotografía / Rayoherald.com
Fotografía / Rayoherald.com

La Rosaleda, un buen recuerdo

No sé a vosotros, pero a mi se me está haciendo el parón eterno. Ni la aburrida primera fase del Eurobasket ni el ‘spanglish’ de Buenos Aires me logran quitar de la cabeza aquel certero toque del austriaco de apellido impronunciable del Levante que nos pintó la cara en el último suspiro del último partido de liga en Vallecas.

Al menos, la semana va pasando mientras imaginamos y deseamos un buen destino con el próximo rival de Copa, un torneo en el que, precisamente, ya llevamos muchos años sin pasar de ronda. Por eso, los ratos libres los intento matar pensando en Málaga. Hay que ver qué buenos recuerdos me invaden cuando echo la vista atrás y recupero las sensaciones que me recorrieron aquel día que fuimos capaces de pasar por encima de un equipo que presumía de estar viviendo el año más estelar de su larga historia.

Ese mismo día, el Rayo de Jémez, y el de todos, grabó en el hormigón de La Rosaleda su nombre. Léo se consolidaba y, junto a un Piti sin techo, los de la franja comenzaban a olvidar la angustia de otro ‘Tamudazo’. Aquel día en La Rosaleda, a parte de los tres puntos, nos trajimos las ganas de reservar nuestro vuelo a Alkmaar.

Apenas un año después, ni Málaga ni Rayo son los mismos de ayer. Sin licencias y sin ‘tour’ europeo, la piedra de unos se deslizó para tumbar a los otros. A malaguistas y rayistas se les ha castigado sin derecho a soñar con el viejo continente, relegados a no salir más allá de los límites que marca su federación, la misma que, disfrazada con capuchón aduanero y látigo en mano, se ha ganado el sobrenombre de ‘Quebrantasueños’ de deudores.

Tanto unos como otros se volverán a enfrentar el próximo domingo, ya sin ‘estrellas’ -mira tú por dónde- en la capital de la Costa del Sol, en La Rosaleda, un lugar ideal para renovar tan buenos recuerdos.

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