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La piel del oso

Es el futbolero muy fiel al cumplimiento del sabio refranero, tan manido como efectivo, y por qué no, el rayista coleccionador de varios de ellos. Me explico.

Este comienzo de columna, que tanto distrae a la par que confunde cual tormenta zamorana de cinco minutos, no es si no por la costumbre de celebrar las pocas alegrías que nos ha deparado nuestro equipo, con lo que llamaría “el salto de la valla”, al más fiel estilo rociero.

Y aquí viene a colación lo de la piel de oso, y es que a cuatro días vista de un hipotético ascenso, exactamente allá por la noche del domingo 15 de junio, me vienen recuerdos de aquellas memorables tardes-noches vallecanas de Felines contra el Getafe, de Josete contra el Castellón, de Soto contra el Depor, de Onésimo contra el Mallorca y de Bolo contra el Extremadura, dónde las huestes franjirojas conseguían ascensos y permanencias en olor de multitudes… pero empañadas al minuto de conseguirse, siempre en la celebración tras el pitido del árbitro, por el presunto privilegio de algunos, por desgracia ya bastantes, que se creían en el derecho de atosigar a los jugadores a pie de césped, quitarles las camisetas y conseguir, por desgracia, que la fiesta se trasladara al vestuario.

Le duela al que le duela y le moleste al que le moleste, cosa que me importa poco a estas alturas de la primavera, siento sana envidia cuando veo por la tele las clásicas “vueltas de honor” de otros equipos, “trenecitos y traineras varias” de los jugadores, cánticos compartidos (esto ya se hizo al final de los partidos de Portuense, Eibar, Benidorm y Zamora), en resumen, poder compartir la alegría entre todos, y no ver a los jugadores corriendo a vestuarios, agobiados y medio desnudos porque algunos “valientes y ágiles”, en su derecho de sentirse más rayistas que el que respeta la valla o no puede saltarla, les avasallan y atosigan.

Incluso me atrevo a decir que sentí la semi-invasión del malogrado ascenso en Eibar. Me explico. Estoy seguro que el dolor de la plantilla y el agradecimiento de todos los jugadores, todos, se habría producido aún más si no se hubiera saltado al césped a “consolarles”, y no que algunos saltaron más preocupados por “robar” la camiseta a Baquero o a Yuma que por consolar/consolarnos. ¿Qué hubiera ocurrido si lo hubiéramos hecho todos? ¿Pero es que no es mejor ver al gerente agradeciendo entre lágrimas el esfuerzo de todos que ver a algún jugador pidiendo por favor que le dejen un poco en paz?

Pero no pasa nada, tropezaremos en la misma piedra de nuevo y van…Hemos llegado a ver caer parte de la valla en la zona de la Albufera, el domingo la del fondo, peticiones megafónicas de posibles sanciones (todavía más), carreras de jugadores a vestuarios, etc… pero no, van varios ascensos y aquí no hay forma, con lo bonito que sería ver la alegría de todos juntos, salir a la calle, ir hacia la fuente y cerrar nuestros ochenta cuatros años de historia, los últimos cuatro de ellos en la 2ªB, a lo grande.

Desde aquí hago un llamamiento a la cordura, a la solidaridad con el socio anciano, con el que no salta vallas porque no puede o porque le gustaría tener a su nieto al lado diciéndole: “mira abuelo, como salta Míchel o como llora Albiol”… y no ¿por qué se han ido los jugadores tan rápido? Yo no salto.

Alonso Quijano colabora con Rayo Herald en la elaboración de Reportajes y Artículos de Opinión. Sus comentarios y opiniones respecto a los temas tratados gozan evidentemente de total independencia por su parte. Rayo Herald quiere agradecer su participación como colaborador habitual en este diario.

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