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Fotografía / Rayoherald.com
Fotografía / Rayoherald.com

Algo estamos haciendo bien

Está cogiendo el socio 160 la fea costumbre de salir de casa con un AK-47 bajo el abrigo por eso de que la vuelta a casa siempre se puede complicar. No cae en el cacheo porque parece que al jubilado aún le palpan con demasiado decoro en las entrañas oscuras de Arroyo del Olivar. Se lo digo y no me hace caso, algún día lo tendrá que dejar en la puerta.

Mientras yo porto un arma de destrucción masiva como es mi humilde grabadora a la que ayer incorporé, craso error, una pegatina de esas de “Javi somos todos”. La recogí sin donar dinero, por aquello de no subvencionar a un miembro de una organización criminal. Hasta aquí casi todo normal.

Ocupo mi abono de 370€, saludo a todos los radicales infiltrados en mi tribuna central, excombatientes de repúblicas bálticas que ahora pasan las tardes de sábado animando al Rayito. Ellos, con más de cincuenta años de socios a las espaldas, esconden bajo sus cuarteadas pellizas sándwich sin bordes, botellines de agua con tapón de extraperlo y alguno pañuelo de algodón blanco curtido en mil batallas. Detrás el gran peligro del estadio: los familiares de los futbolistas, hermanos, mujeres y algún padre dispuesto a saltar al césped a inmolarse.

A mi derecha el palco de honor con “gentuza” como Felines y Potele, mercenarios de los 70 ávidos de poder, jugadores no convocados y locos que han gastado más de 3.000€ por seis asientos con casi la misma mugre que el resto del estadio. Debajo de ellos la novedad, una guardia pretoriana de dos metros de altura y la mirada escondida bajo unas gafas de sol. La imagen no tiene nada que envidiar a las del telediario sobre conflictos en Burkina Faso, Armenia o Argelia. A estos se unen ‘stewards’ varios con peto amarillo, pinganillos por doquier, agentes privados de distinto pelaje y miembros de la Policía Municipal. Que no se me olviden decenas de chavales recién salidos de la academia de Ávila entrenados para imponer el orden con su defensa legal en el cinturón. Ya que estamos entramos a ver el fútbol. Vamos, lo normal.

Mientras tanto, Vallekas disfruta del fútbol, hace la ola, canta la vida pirata, idolatra a Piti, aplaude a Lass, come pipas, llama a casa para decir que el Rayo va ganando, sueña con un viaje por la UEFA, se abraza con el de al lado, se acuerda de que es feliz dos horas con la que está cayendo fuera o alucina con Trashorras y el Chori. De los del fondo no hablo: pagan poco, hacen ruido, llegan tarde, apenas animan, están de pie y encima creo que son de izquierdas la mayoría. Poco les hicieron a once deteniéndoles casi tres días, porque esto con el tío Paco no pasaba.

Por lo demás tranquilidad, estadio lleno, buena gestión, plantilla renovada, entrenador sin apenas “novias” por su trabajo, y por lo menos ya no estamos en Belice dados de alta como Senero, S.A. Ahora nos dirigen desde la Gran Vía, que siempre los juzgados de lo Mercantil han estado muy céntricos, aunque aquí hasta el “tato” sabe que esto huele rancio por todos los lados. Gracias Presidente.

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