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Fotografía / Rayoherald.com
Fotografía / Rayoherald.com

Historia de un gol

Lo recuerdo todo a la perfección. Fue un momento imborrable. Para mí y para los miles de aficionados que pusieron música de fondo a mi espectacular parabólica. Aquella noche sólo me pudo amortiguar la red de la portería del Fondo. No podía haber sido otra, la más caliente que existe, y por la que siempre seré recordado. Desde el corazón de la media luna, corto pero intenso, un vuelo fugaz que hoy recuerdo a cámara lenta.

Surgí de una carambola. La verdad es que en noventa minutos nadie me supo tratar como es debido. Cierto que había nervios; yo, en medio de los dos mejores, y centro de atención de un escenario abarrotado que celebraba aquella misma noche la despedida de unos hierros que ya son de otra época. Se podría decir que llegué para poner la guinda al pastel, en el mejor momento de la fiesta y ante el mejor rival posible. Yo inauguré una nueva era en Vallecas.

Como os he contado, ni yo mismo pensaba acabar de la manera que resultó finalmente. Pero como todo en la vida está hecho de pequeños detalles, el destino quiso que en mi camino se topase una de las mejores zurdas que han pisado la hierba vallecana. El feeling fue mutuo, y al primer contacto con su bota, los dos sentimos algo que ni las mentes más iluminadas que fueron testigo de nuestro flechazo se atrevieron a dilucidar.

Lo primero que hice fue elevarme para coger aire y mirar al cielo por última vez. A partir de ese momento, cuando la gravedad empezó a llamarme, cerré los ojos esperando el golpeo certero. Sabía que no volvería a tocar el suelo. La zurda del “diez” hizo el resto. Me esforcé al máximo por mantener la trayectoria, sólo la manopla del portero amenazaba mi perfecta silueta, pero mientras surcaba las cabezas de los defensas, lo único que vi delante de mí fue red. No entré por la escuadra, tampoco hizo falta. Gol.

Sin ser realmente consciente de lo que había logrado, disfruté como no lo había hecho nunca viendo cómo un estadio entero se levantaba mientras mi redondo cuerpo descendía arropado por aquella malla de seda. Después de alcanzar el clímax, lo único que recuerdo, antes de cerrar los ojos, fueron dos ligeros botes sobre la esponjosa y fresca hierba. Podía dormir tranquilo, había hecho historia, y mi historia, sería recordada por siempre.

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