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Sueños de grandeza

Basta ya de subir andando la Avenida de la Albufera con la cabeza gacha, por la acera de Monte Igueldo, los soportales de toda la vida, la del Brillante, la de la Autoescuela Rayo, la de la tienda de patatas Casillas, la de la pastelería Rucor. En Vallekas ya no se ve hace mucho el temple de Uceda, las cabalgadas de Capón, los goles de Botella, el coraje de Pizo, el temple de Ameli, la casta de Cota, de Paco Jémez, los regates de Onésimo, las paradas de Férez, de Mora…

Creo que algún día nos cansaremos de decir que no tenemos otro equipo, hartos de responder al ¿Pero serás del Madrid también, no? ¡Que no, que soy del rayo! Los hay que un día fuimos a Salamanca, a Huelva, a Coruña, y volvimos a Salamanca, y al Salto del Caballo, y al campo de la Victoria, y a Mendizorroza, y a Valladolid, y casi nos pegaron en Gijón, y nos apedrearon en Santiago, y lloramos en Oviedo, y lloramos en Salamanca, y volvimos a llorar en la fuente de la Asamblea… hemos llorado mucho en estos años.

Los niños ya no corren la banda izquierda en el recreo emulando a Trobiani, ni intentan la vaselina de Onésimo al Mallorca, ni la pegan a romper como García Cortés, pero sí sueñan con ver a su rayito, el de papá y mamá, el del abuelo que ya se fue, otra vez entre los grandes.

El verdadero rayista está cansado, se le reconoce en el gesto cuando sube la Albufera los domingos. Nos dan miedo los partidos como si viniera el Madrid o el Barca. Y no es por sus delanteros, ni porque el portero sea bueno o uno lleve quince goles, es otro tipo de miedo, más profundo.

Parece que fue ayer cuando estuvimos en Eibar. Vienen domingos de pasión, de demostrar quienes somos otra vez y van tres. ¿Cuántos días hemos vuelto a casa cabizbajos, sin apenas hambre, aunque hubiera paella o tortilla de patata de los domingos, por nuestro rayito? Hontecillas, Pepín, Morón, Josete, Lema, Soto, muchos nombres, muchos veranos viendo idas y venidas, cartas de libertad, golfos, menos golfos, “Hugos” Sánchez, Maradona´s, Polster, Poschner, Andrijasevic, Abel, Trobiani, Sánchez Candil …

Estoy seguro que ya hemos contado mil veces nuestros días de grandeza: que una vez nos eliminó en cuartos de la UEFA el Alavés, que estuvimos en Bordeaux jugando y ganando al Girondix, que aquí cayó el Lokomotiv ruso y el Viborg noruego, y la Constelació Esportiva de Andorra, y que en Payaso Fofó había una bandera que ponía «Uefa – Cup»… y que a Vallekas íbamos los de siempre. Esto no ha cambiado.

Son muchas las tardes ya de gestos torcidos, de tardes sin querer salir, de reirnos porque en Vallekas los “prohibidos aparcar” eran en «días de espectáculo» y en el Calderón en «días de fútbol», de querer al Rayo más que a nadie. Muchas las tardes del “¿qué te pasa? Si no es para tanto”. Tumbado boca arriba y viendo la bufanda en el techo del Girondins, de acostarte pronto, muy pronto, sin cenar nada, de la ovación de San Mamés, de la tromba de agua del Bernabéu con gol de Guillerme, del gol de Piti al Eibar que nos ponía más cercita del sueño de volver a segunda… de esa lateral de Ipurúa que enjuagó sus lágrimas por la carretera de Burgos, por esa Albufera que vuelve a tener sueños de grandeza.

Alonso Quijano colabora con Rayo Herald en la elaboración de Reportajes y Artículos de Opinión. Sus comentarios y opiniones respecto a los temas tratados gozan evidentemente de total independencia por su parte. Rayo Herald quiere agradecer su participación como colaborador habitual en este diario.

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