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Fotografía / Rayoherald.com

El camino

Lo confieso. Cada día que pasa me cuesta más escribir. Las fuerzas ya no me acompañan y la ilusión se desvanece. Nunca pensé que mis líneas fueran tan transparentes con un puñado de desconocidos, pero donde antes veía una franja roja infinita ahora veo el final del camino.

Antes convertido en ceniza que faltar a mi cita quincenal en Vallecas, pero me empieza a faltar la energía para acompañar al equipo lejos de casa. Incluso paro poco, aunque lo suficiente de momento, por la taberna. La pluma se atasca con la única felicidad de ver a nuestro Rayo entre los grandes. Eterno.

Daniel el Mochuelo

Me parece perfecto que Jémez tenga muy claro el camino por el que quiere llevar al Rayo Vallecano. Una objeción tengo. Como llevo varias semanas con la tinta seca, y no se lo he podido decir a tiempo, le recuerdo que es cien veces mejor ser valiente sobre el campo que anticiparlo con la lengua. Protagonismo para los protagonistas. Menciones a otros equipos, católicos o protestantes, las justas.

Dicho esto, ni un pero al mencionado camino, sinuoso en su discurrir pero valiente en su trayectoria. Haciendo un guiño al otro camino, al de Don Miguel, no tengo claro si somos Daniel el Mochuelo, Roque el Moñigo o el desafortunado Germán el Tiñoso. De momento me quedo con lo que dejar entrever el personaje del Chori Domínguez, porque del resto de protagonistas incorporados a esta novela no tengo noticias. El Mudo Vázquez y el Díscolo Bille, entre otros, salen más en los dibujos que en las letras. Lean entre líneas y les queda el orgullo de Delibasic, poco más. Refuerzos.

Un clavo ardiendo y un fuego quemando

No sé dónde estaríamos sin la sonrisa de Léo. Tampoco sé cómo habríamos llegado aquí sin el sacrificio de Javi Fuego. Uno con su zancada y el otro con el sudor de se frente honran la franja cada fin de semana. Ejemplo para los de abajo, para los de al lado y para los de arriba, que deberían tomar nota y buscarles dos cosas: ayuda y recambios.

Lo del centro de la zaga lo dejo para otra ocasión. Si me pongo me enervo. Si me enervo tiro de esa frasca que tanto parece molestar a algunos. Pequeño anticipo con la siniestra. Entre claúsulas y sanciones mal gestionadas llevo un mes y medio sin ver a nuestro mejor central. No me cuenten el sábado porque ese no era Amat, era otro. Lo de Labaka no hay seguidor ni entrenador que lo pueda justificar. Al que lo intente que le pongan el vídeo, a cámara rápida, de sus carreras con Aspas. A uno no se le ve y el otro no se mueve. Ración de torreznos en positivo. Séptimos con todo eso. Milagro.

Descanso

Reconozco que me pierdo con los horarios, las fechas y demás mezquindades de los de traje y corbata. Los asientos vacíos de Vallecas ni los cuento. Me da vergüenza ajena y lamento su permanente descanso, físico y mental en el sofá del despacho. Lo que tampoco me cuadra es la soledad que se respira esta semana en la Ciudad Deportiva. Cuento del sábado a media tarde hasta el jueves por la mañana y salen más de cuatro días de descanso. En la taberna alguno me sopla que los marineros tienen aviso de regreso el miércoles, un día antes de lo anunciado en canales oficiales. Tiro de hemeroteca y recuerdo mi «huelga en cubierta». ¿Otro episodio? No cuela.

Necedades, nominaciones y breverías

En trincheras, tabernas y demás menesteres siempre me acerqué más al desagrado que a la aceptación popular. Confieso que no solo no me importa sino que me siento cómodo en ese papel oscuro, a menudo suficientemente alejado del entendimiento común. Algo estoy haciendo mal, pues hace pocas fechas los del heraldo me comunicaron una nominación y presunto premio por mis conocidas necedades y apreciadas breverías.

La rapidez de mi daga no está reñida, aunque a veces lo parezca, con un cálido agradecimiento para los que me tienden la mano. Creo que no tengo el gusto, ni lo tendré, de conocer en persona a los que han tenido a bien considerar mis rayistas líneas del año, pero no tengan duda que aprecio el gesto. Termino mi ración de ego, últimamente dañado por cierto, con una certeza reflejada en mis huesos: más de cincuenta años de franja, ese es el premio. Gracias.

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