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Fotografía / Rayoherald.com
Fotografía / Rayoherald.com

Benjamín y la madre que lo parió

Os voy a ser muy sincero. Tengo la convicción personal de que ya soy un poco “pesao” con estos textos, con estas líneas invadidas de emociones, las emociones que me transmitís a diario muchos de vosotros. Mis “colegas” de Rayo Herald me han pedido que escriba algo del homenaje a Míchel. Uffff… Demasiado difícil, ¿no? Imposible trasladar tantos latidos a un trozo de papel.

Benjamín y la madre que lo parió. Benjamín es el padre de Míchel y la madre que lo parió se llama Candela. Un “cielo” de mujer que después de llorar a moco tendido junto a su hijo ofrecía jamón a los invitados con esa cara de bondad que sólo tienen las madres. Ellos, Benjamín y Candela, simbolizan las entrañas de uno de los actos más emocionantes que uno ha tenido la oportunidad de compartir. Benjamín y la madre que parió a Míchel subieron al estrado para fotografiarse junto a su hijo, para recibir la cerrada ovación de un público entregado, emocionado, henchido de orgullo, rodeado de rayismo, lloroso. Lloroso porque el salón de actos del colegio Raimundo Lulio venía de disfrutar de uno de los vídeos con más corazón que uno presenció jamás.

Ese montaje se lo “curró” Juanjo, un “anónimo” entregado a la causa que celebró el éxito “zampándose” un enorme bocadillo de jamón. Juanjo dedicó tiempo, alma y más tiempo a crear ese vídeo hermoso. Madrugadas sin pegar ojo para que esos 40 minutos impactaran directamente en el alma de los hinchas. Horas y horas de grabaciones y viajes junto a su inseparable Leva. Folios con tachones. Olvidos, cabreos, agobios. Pero siempre superávit de ilusión. Porque sin ilusión es imposible organizar un tributo tan perfecto. Porque a la hinchada franjirroja siempre le sobró ilusión.

Vi por primera vez el vídeo una mañana cualquiera de martes en un domicilio cualquiera de Vallecas. 3 personas, 3 vasos de agua para tragar emociones de vez en cuando, 6 ojos pegados a la pantalla del televisor. 40 minutos de silencio sepulcral. “Esto es cojonudo, espectacular”, se escuchó cuando el eterno “Isi” dejó de coquetear con los créditos. Lo vi por segunda vez “en directo” en el Raimundo Lulio. Y fue de los momentos más intensos que he respirado en mi vida.

Lágrimas, “pucheros”, emociones a flor de piel. De todos. De los hinchas, de los peñistas, de los futbolistas, de los ex, de algún periodista. La foto que ilustra este humilde texto expresa a la perfección la intensidad del vídeo. “Yo venía preparada con los pañuelos, pero me ha extrañado mucho ver a Míchel tan emocionado”, me decía su mujer Lara tras el acto. Objetivo cumplido. La increíble afición del Rayo Vallecano logró transmitirle a “Su Majestad” lo que significa para la franja roja. No recuerdo ningún homenaje de estas características hecho de manera tan “artesanal”, sin el apoyo de un club detrás. Es un milagro. Otro más. O quizás lo tengamos que llamar amor por un sentimiento.

Esto es el fútbol de siempre. Alejado de las insufribles gilipolleces del fútbol moderno. El fútbol de siempre es ver a Míchel I de Vallecas rompiendo a llorar en medio de su discurso porque ya no aguanta más, porque le sale todo de golpe, mientras sus hinchas le aplauden, le ovacionan y le vuelven a aplaudir. Es ver sus dos nenes mirando fijamente a su padre con ojos de amor. Es ver a sus viejos amigos y compañeros disfrutando de una tarde inolvidable. Es ver a chavales que juegan en el Rayo y que aman al Rayo con lágrimas en los ojos.

El fútbol de siempre es ver a mi admirado Fernando Sebastián hablando de Míchel, o sea, de rayismo, con el alma y con la piel. Es ver a decenas de aficionados con su zamarra “8”, solos o acompañados, pero siempre emocionados. El fútbol de siempre es ver a Benjamín y la madre que lo parió orgullosos hasta el infinito y más allá porque el “Niño” ha hecho feliz a la gente, a su gente. “No sé cómo será ganar un Balón de Oro, pero estoy seguro que lo que he sentido yo aquí hoy no lo iguala nada en el mundo”. Palabra de Míchel. El hijo de Benjamín y de la bendita madre que lo parió.

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