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El peligro de la indiferencia

Vallecas se ha acostumbrado a vivir sin hacer ruido, sin aspavientos. Siempre ha sido así. Aquí la gente trabaja y mucho. Las celebraciones se disfrutan con la misma algarabía o parecida que las decepciones, somos así.

Las caras de los rayistas cuando salen por Payaso Fofó y enfilan la Albufera no delatan lo que ha pasado entre muros. Los lunes ya pesan mucho entre una afición acostumbrada a madrugar seis días a la semana e incluso siete, y a los que la tarde del domingo es un contar horas de menos para volver al tajo y empezar una semana de nuevo, otra más y van…

El gesto está fruncido desde hace ya cinco años. Son muchos para soportarlo sin hacer mella en el corazón. Ya quedan lejos, muy lejos, los goles de Onésimo, Morena, Guillerme… los pases de Cembranos, las galopadas de Capón, las paradas de Wilfred, y lo que es peor, fueron muchas, seguramente demasiadas, las lágrimas derramadas en Eibar esa maldita tarde de Junio de 2007.

El domingo se saltó de alegría con el gol de Enguix, pero no muy alto. Fue un salto comedido, con la garganta contenida y sin caer en el exceso, que de caídas ya somos expertos. Por suerte y ya van dos, la lluvia se asoma por el campo del Rayo en los días especiales, como queriendo ahogar las penas de un equipo que deambula por la división de bronce con un grave peligro: caer en la indiferencia.

Los lunes echamos mano del herald, pero como con disimulo. Hasta los periódicos nos han dejado de lado y nos guardan pequeñas esquinas cercanas al multideporte, allí donde el café de media mañana se acaba por más que se alargue el sorbo. La épica tradicional habla de dar un paso atrás para coger impulso. Nuestro Rayo dio dos y de golpe. Aún así, hay gente que nos echa de menos por Mendizorroza, Málaga, Anoeta, pero seguro que también hay alguien que pregunta por nosotros en el Bernabéu y en el Calderón.

El peligro es que hay niños por el barrio que no saben que hay un equipo dónde van al colegio que estuvo en primera, y lo que es peor, hay ancianos que se están yendo muy lejos con su equipo muy abajo. Y estos ya no vuelven por más que queramos.

Somos cuartos en la tabla, por fin. Esta semana vivimos agarrados a ese fino hilo que supone jugar al menos una ronda de playoff con olor a segunda división, y quedan muchos puntos para lo bueno y para lo malo, pero esto no hay quien lo aguante, de verdad. Nuestra gente no se merece más ciudades deportivas, barrizales, campos de una sola grada y césped artificiales de poca monta, en pueblos que no sabemos ni donde están, con todos los respetos.

Por aquí pasó Cruiff, Romario y Felines, Potele, Uceda… ahora pasan camisetas sin nombre, amateur con hechuras y currantes del balón, que además nos dan disgustos que nos duran días. Si junio nos concede un baile, o mejor dos, a lo mejor ya es hora de “arrejuntarse” y lanzarse al centro de la pista a por todas, porque poco a poco se nos están yendo las guapas y llevamos cinco años bailando solos, a punto de caer en la indiferencia.

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