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Fotografía / Rayoherald.com
Fotografía / Rayoherald.com

El Pisuerga pasa por Valladolid

Tiende este Rayo a descomponerse a la mínima indigestión de fútbol que le plantean a igualdad de fuerzas. Se disuelve cual azucarillo en boca en cuanto sus peones se relajan a la par que se adornan en una filigrana aquí o un taconazo allá. Ya pasó en el Calderón y ahora Zorrilla destapa de nuevo las vergüenzas del once de Jémez que tan bien quiere tratar el esférico, como única vía para el triunfo. De la tragicomedia de la sobremesa del domingo se salvó la vergüenza torera del Chori y el desboque de fútbol que tiene Jose Carlos, no más.

Si una imagen vale más que mil palabras me quedo con la de Miñambres desapareciendo poco a poco en el continuo plano televisivo de Djukic. Mano izquierda en la cara como cuando uno va al cine y no es capaz de afrontar el miedo y utiliza la butaca para acabar casi en el suelo. Mientras los Arana, Rodri y el “Mudo” Vázquez en su casa esperando que la suerte o un ser superior por fin los ponga y el rayismo reparta culpas por igual o no.

Dos años ya con la diatriba del lateral izquierdo, como si la marcha de Llorens hubiera dejado una maldición de mala leche y altanería a partes iguales. Sabedor de que no hay sombra que le tape, el dueño de la banda navega por Vallecas viendo como su alter ego disfruta de la profesionalidad siendo titular en el twitter. Los cantos de sirena que empezaron por enero sonaban de la ribera del Turia y del Manzanares, mientras el susodicho se borraba para lucirse en partidos de campanillas bajo el beneplácito del jefe de la nave. Nada de nada. Del diestro me reafirmo en lo que escribí hace ya dos largos años cuando el peor Coke se marchó camino de Nervión por 2 millones de euros, siendo el fichaje más caro de la historia en 2ª división. Me vale, cumple, y este también oyó sirenas de la Gran Bretaña, pero por lo menos tengo la sensación de que se levanta cada mañana queriendo ser más y mejor futbolista.

Del tema de los centrales parece que todo se acabó la famosa tarde en Los Cármenes de la temporada pasada. Allí un inconmensurable Jordi Figueras se despedía de la franja con una soberbia demostración de galones. Su contrato se firmaba entre hamburguesas en una gasolinera de la M40 y 800.000 formaron a engrosar parte del concurso. Tras él el vacío, el silencio más absoluto, y un Arribas en desahucio, un Labaka trotón e intencionado y un drama que duró casi diez semanas hasta el día de autos. Llegaron los Gálvez, colaborador necesario en el descenso del Sporting y Rodri…¿Quién es Rodri?

Del resto culpables todos del asesinato en tierras del Pisuerga, unos por homicidio con dolo y otros por omisión de socorro. A los castigados del Calderón se les hizo desaparecer contra los de la Castellana y valió para poco. De allí salieron otros perjudicados, que a su vez fueron absueltos ayer mismo. Conclusión: la feria de Valverde es poco para lo que se vió en Valladolid en quince minutos. De los Trashorras, Lass, Piti y compañía prefiero ponerme el vídeo del Villamarín y degustarlo como un clásico de los años 50 en blanco y negro, porque por allí no apareció nadie y ni se les esperaba.

Craso error el de ir al frente con pistolas de agua, aquí o pillamos todos o a la fosa sin remedio. Arriba poco o nada que reseñar con un Delibasic goleador ante San Marino y un Atlético ya de vacaciones, que sustituye a un Nicki que cayó bien y poco más. Por el medio más de lo mismo. El que piense que a la tercera va la vencida con Adrían tras sus bochornos en Getafe y Santander va perdiendo la paciencia, y no seré yo el que dude del fútbol que lleva en sus piernas, aunque sea por transferencia genética del pater familia. Caso aparte es el del guineano, del cual uno ya no sabe si ha de pasar, encarar o desear que desaparezca del mapa. Así esta el tema, sin más.

Ofrecer el suicidio del Rayo a unas ideas ya lo hizo Míchel allá por la 2ª división B y morimos en la orilla del Nuevo Insular a los pies de Marcos Márquez. Ni promoción ni nada de nada a cambio de tratar el fútbol cual barra de futbolín, donde o todos defendían o todos atacaban. Nadie duda, o sí, de la capacidad estratega del míster cordobés, pero el ruido de sables por la Albufera tras el crimen de Valladolid suena a zafarrancho de combate. A cambio y valga como rito iniciático, las hordas de periodistas aburridas de hablar siempre de lo mismo, alaban el atrevimiento del Rayo como si con eso valiera para la salvación.

Me vienen a la mente las cercanías a la excelencia de Sandoval después de los fiascos resultadistas del Bernabéu y Nou Camp, sabiendo de antemano como acabó la cosa: 14.500 rezando lo que no está escrito para que apareciera un alma compasiva que empujara a gol el cabezazo de Tamudo. “Quién quiera ganarnos tendrá que demostrarlo en el campo”. De acuerdo, pero que no nos hagan un set de nuevo.

Tiempo hay más que suficiente para arreglarlo, maquillarlo e incluso hacerlo olvidar, pero un gol de Trashorras en el 93, un punto ante el Sevilla tras dos penaltis fallados y una demostración de fútbol y valentía en Sevilla, son el bagaje de este Rayo que ha de sumar como sea para que las sombras de la tribuna no se hagan insoportables, porque sepa usted Sr. Jémez que los ejércitos de hienas oliendo a sangre pululan por Arroyo del Olivar al mínimo descalabro contra los de Oltra. Así es Vallecas.

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