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Fotografía / Rayoherald.com
Fotografía / Rayoherald.com

Triste y desgraciado

Siete de nueve es un registro para estar contento y sentirse agraciado. Imposible intuir semejante cirscunstancia hace solo unos meses, cuando me faltaba el oxígeno y pensé que de esta no salía. La franja en Primera, la frasca bien llena y dos partidos jugosos en el horizonte me hacen ser más optimista que nunca. Más todavía. Repito, siete de nueve semanas sin pisar el hospital son para sentirse de todo menos triste y desgraciado. Eso se lo dejo a otros, que abundan. Vida.

Gracia sin ese

No tiene competencia, es titular y lo sabe. Lleva meses haciendo lo que le da la gana y lo sabemos todos. El Rayo Vallecano tiene dos problemas en el lateral izquierdo, uno cuando Casado está disponible y otro cuando no lo está. Seguro que Rubén le da las gracias por regalarle una semana, o posiblemente más, de banquillo. La fortuna y centenas de brazos movidos al tiempo evitaron males mayores, pero no hay que ser Quijano para darse cuenta de lo que pasa en esa zona del campo, semana sí, semana también. No veo a Jémez con cuerpo para aguantar tonterías, y en el flanco zurdo de su defensa tiene la primera. Mala pinta y ni pizca de gracia. Problema.

Cancerberos y guardaredes

Al hilo del anterior despropósito, déjenme que rompa una lanza por el actual baluarte del aluminio redondeado. En Málaga se comió los mocos y las uñas, no sé si en ese orden, hasta que recibió la confianza de Jémez para ser de nuevo importante. Y lo está siendo le pese a quien le pese. Un sólo gol recibido en tres jornadas y manos milagrosas domingo tras domingo. A la espera quedan tres para guardar la valla, dos de ellos sospechosos a primera vista. A uno ya le puse en su sitio en mi anterior misiva. Se sentía no respetado y aquí se ha quedado. Pidió demasiado o nadie le ofreció nada. Del otro, sólo un detalle. En sus años con la franja se ha levantado lo que usted y yo no vamos a ver trabajando en cincuenta generaciones. Ahí lo dejo. Al tercero mis respetos porque lleva dos años por campos de Segunda B salvando al equipo en diciembre. La gracia huele a lío, al tiempo.

Piensa mal y acertarás

Empieza a ser muy fácil distinguir a las perlas de la cantera del Rayo Vallecano. Si destacas en el juvenil y no te dan mucha bola en el filial tienes todas las papeletas para ser un buen jugador de fútbol. Lass ni pisó la Segunda B. Leo en contadas ocasiones y sin ser la primera opción del ataque. Rubén Ramiro ha seguido el mismo atajo y los que rondan habitualmente la Ciudad Deportiva me cuentan que no será el último. El sábado voy con libreta, a ver si me encuentro una defensa de tres y un centro del campo poblado para doblegar a los de Diego Benito. Va a estar gracioso. Futuro.

El chocolate espeso

Y las cosas claras. Así se ha presentado D. Paco Jémez con su ADN ante los plumillas de los medios. No se anda con medianías: aquí dejo un halago, allí va una hostia a pelo. Lo dije desde el día que uno de mis nietos me llevó a verles entrenar antes de partir hacia Flandes de pretemporada. Jura que se ha ido relajando con los años, pero la vena se le ve a distancia. Mejor para todos. Tras el primer empate ha recordado que jugarán los que hagan lo que él quiere, sin más. Al de Guinea ya le ha cogido la matrícula, dirección al banquillo. A otros ya directamente les ha dicho que al Rayo lo van a ver por la tele después del ratito gracioso que se marcaron contra los amigos de los Emiratos. Disciplina.

Triste y desgraciado

Bien saben en la taberna que iba a prescindir de este giro, pero con la última frasca a coste cero, como los fichajes de Miñambres, me he animado a despachar brevemente una de tontos y cristianos. Resulta que el guapo, rico y buen jugador ha decidido detener el mundo entero porque está triste. Pobre, y eso que todavía no ha subido la Albufera para acicalarse en un vestuario cochambroso. No soy de dar consejos, pero le soltaba diez minutos, no más, a las puertas del mercado de Nueva Numancia. Lo mismo aprende viendo a la gente del barrio tirar adelante con dos perras gordas. Llevan la cabeza bien alta porque amanece cada día y no entienden de caprichos gratuitos de niñatos consentidos. Un churrusco de pan y dos semanas sin mirarse en el espejo solucionan el problema, seguro. Triste y desgraciado.

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