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Fotografía / Rayoherald.com

La franja roja y el chocolate espeso

Veo a la franja pasearse por los campos de Primera y el orgullo invade mis desgastados huesos de soldado retirado. Aparco los números por un momento para hablar de las sensaciones, porque dominar las batallas en terreno ajeno como lo hace el Rayo está reservado a unos pocos. No dudo que alguna estocada mal encarada nos hará daño en el lomo, pero con los conceptos están claros y el chocolate espeso sólo mancha al enemigo. Impecable ejecución de maestra estrategia. Enhorabuena a los responsables, del primero al último.

Día grande

Juro que hubo momentos que me recordaron las gestas pasadas lejos de Vallecas. Pocos, cada día menos, recordarán el 1-5 que abrió la liga de Juande con un Luis Cembranos colosal y, por cierto, Ballesteros defendiendo nuestra camiseta. Escasos y ya casi ancianos se frotaron los ojos viendo a la franja roja rememorar el día más grande del rayismo en territorio insular. Hubo un día que un 0-6 dejó al Rayo a las puertas de la Primera División allá por el año 1989, con goles de Soto, Botella, Mendiondo y el gran Cota, Férez en la portería, Hugo Maradona en el campo y Felines en el banquillo. Historia.

El festival de Iturralde

Despechado, intolerante, abandonado en lo físico y especializado en provocar goteras donde solo hay cemento armado. Iturralde tiene suerte de haber sido árbitro y no soldado, pues en el frente se pagaba con galeras, en el mejor de los casos, la torpeza en tus decisiones. Se habría hartado de remar, seguro. Tan pronto te convierte en pena máxima una falta de Pulido fuera del área como te castiga una flojera de Valdo con otro lanzamiento de once metros.

En Vallecas no vio tan claro una evidente mano del Mallorca que le costó a la franja algún punto que otro. Estoy de acuerdo con él en una cosa, aunque sólo a medias: Iturralde se quiere retirar en Vallecas y yo lo que quiero es que se retire, pero donde sea y cuanto antes. Prórroga y penaltis, estás tardando.

El nuevo y el viejo

Sé que los focos apuntan el partidazo de Lass y Diego Costa, determinantes en el juego, en el resultado y en las sensaciones. Mi sombrero y un sorbo de esta frasca para ellos, me emocionaron, y lo que queda. Sin embargo, mi pluma me requiere otra atención esta semana, algo menos evidente pero también muy importante. Empiezo por el nuevo, que guarda la puerta con unas maneras que derrochan confianza y aseguran el premio. Me encanta Joel y lo digo, y al que no le guste que se aguante y tire de vídeo, de contratos, de brazaletes y de palomitas.

Y sigo con el veterano, que con el diez a la espalda dio una demostración de calidad y voluntad a partes iguales, y no solo de una de ellas como otras veces. Cuando quiere Piti llega muy profundo con la franja, él lo sabe y el rayismo también. Y me tiro a la piscina: el domingo Joel le para un penalti al tal Cristiano y Piti enchufa un zarpazo desde la frontal y celebra el triunfo con la grada. Si pasa nos vemos en la taberna, paga Quijano. Encantado.

Mocitas madrileñas

Anden con ojo los señoritos de la Castellana porque la bestia ha despertado. Hambrientos, entusiasmados, sublimes en la finalización y encajando las nuevas piezas a ritmo de samba. El domingo Vallecas verá a ese que dicen mejor equipo del siglo pasado sufrir de verdad. Apuesto por el tópico de convertir la visita de los niños ricos en el peor día de su vida deportiva, que lo recuerden siempre y echen pestes del maldito partido.

Que trabajen en el barro por un día. Apaguen el calentador del agua, que falle la luz en el vestuario visitante y que se quede sin tiza la pizarra del estratega portugués. Por desgracia, quizás todo eso ya viene de serie, con las patatas y los cebollinos en el maltrecho césped. El domingo toca pesadilla y que alguno recuerde la cara de Michu al menos un par de semanas. Pregunten a Capello, que ya se enteró un buen día de febrero de quién era Ezequiel Castillo. Vallecas.

Cutre y trasnochado

Déjenme la última para los de siempre. Uno que sigue sin aparecer, el otro al que sigo esperando que enseñe el carnet de 10 años de socios y el de más allá por poner el dinero hace meses para comprar mi sentimiento. Señores, el domingo llega uno de los días más señalados, y o mucho cambian las cosas o hasta el fondo es de color blanco. Hubo días que Vallecas se echó a la calle y la gente rodeaba el estadio en busca de la preciada entrada. Hoy paseé por Payaso Fofó y sólo un gato negro, el de siempre, osó cruzarse en mi camino de rigor, y no llevaba entrada. Mentiras.

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