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Fotografía / Rayoherald.com

Un filial de Primera

Repaso el calendario y ya son seis las láminas que dejo atrás. Desde aquel primer partido de la temporada en verano frente al Alcalá, han pasado seis fugaces meses en los que por el vestuario del filial se han dado -además de muchas celebraciones de triunfos importantes- muchos sueños hechos realidad. Una ventolera de aire fresco que ha ahuyentado cualquier fantasma de esos que se dejaron ver por Vallecas en pleno verano, cuando a punto estuvieron de llevar al filial de regreso a Tercera.

Buenos aires

La cosa se calmó. Volvió el fútbol y el cuerpo técnico del filial demostró no estar equivocado a la hora de buscar nuevas incorporaciones para confeccionar una plantilla corta, pero rebosante de calidad y compromiso. Llegaron Cuerva, Perea, Mata, Chevi, Aitor y varios chicos del Juvenil, que se entendieron a la perfección con los Diego Benito, Rayco y compañía.

La coctelera tenía buen color, pero no fue hasta bien adentrada la competición, cuando cualquier tipo de duda en cuanto a comparación con la temporada anterior empezaba a quedar despejada. El cóctel iba a explotar toda su esencia, y si ya convencía a primera vista, el dulce sabor que dejaba en boca hizo quitarse el sombrero a más de uno.

El momento del detonante

Fue el momento del detonante, el instante en el que comenzó a sorprender a propios y a extraños, la divina hora en la que el Rayo B comenzaba a estar en boca de todos. Se ganó al Albacete, al ‘super’ Castilla, al Oviedo, se rondó el póker el día del Lugo, y sin a penas darse cuenta, el filial se metía en puestos de playoff una vez cruzado el ecuador de la temporada.

Una explosión, cuya onda expansiva desplazó a algunos integrantes del filial hacia el escalón más alto del fútbol profesional, hacia donde todo el mundo mira y sueña con llegar, y donde alguno de ellos ya ha instalado el campamento.

Fue el parche idóneo a las urgencias del primer equipo. Una solución efectiva a una mala racha que encendió las alarmas en un mercado protagonizado por el tráfico de entrada y salida en el templo vallecano, y que encontró el mejor remedio en un filial sobradamente preparado.

Cuando los sueños se hacen realidad

Hablo de los chavales del filial, hablo de jugadores que han visto su sueño hecho realidad. Me acuerdo del pichichi del Rayo B, Rayco. El canario fue el primero en desahogarse en Primera aquel mal día ante el Sporting, pero su buen rendimiento le llevó a ser titular en La Romareda.

Hablo de Perea, un ejemplo a la constancia y a la recapacitación futbolística. Pienso en Diamanka y en el alivio que sintió el día que saltó al césped frente al Sevilla, dando por finalizada su pesadilla ‘documental’.

Y por último, me imagino la de cosas que deben pasar por la cabeza de una persona que ha crecido con la franja y espera impaciente su turno en la banda para debutar en el peldaño más alto del fútbol. Hablo de Diego Benito, la perla franjirroja tuvo su oportunidad en Vallecas frente al Getafe y Sandoval ya le ha robado el billete de vuelta con el filial.

Cuatro de momento

Son cuatro nombres, cuatro ejemplos de futbolistas, cada uno con una historia a sus espaldas, pero con un mismo punto de unión, un nexo común llamado filial. Ellos ya saben el camino para llegar, pero otros muchos comienzan a acercarse.

Es el Rayo B, un ejemplo de equipo cuyo trabajo se va viendo recompensado día a día, aportando los mejores mimbres para alcanzar una meta común: fortalecer a un equipo de barrio, obrero y humilde como es el Rayo, un club que se enorgullece de contar con un filial y una cantera, de Primera.

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