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Fotografía / Rayoherald.com

Abonados a la oscuridad

Seis meses han pasado desde que Antonio Fernández Monterrubio fuese anunciado como nuevo director general del Rayo Vallecano. En este tiempo, la sombra de un oscuro pasado en el Xerez ha dejado paso a la realidad de un presente aún más opaco. Sin dar una explicación ni aceptar una sola pregunta, gestiona a su antojo el futuro de la franja roja.

Vergüenza

Sirva como ejemplo de esa oscura gestión el lamentable trato que el Rayo Vallecano dio a sus propios aficionados el pasado fin de semana. No hablo de lo sucedido sobre el césped, donde los jugadores se vaciaron frente al Athletic y defendieron su camiseta hasta la extenuación. Hablo de la grada, donde abonados de más de treinta años, y de mucho menos que para el caso es exactamente igual, vieron como sus asientos eran ocupados por seguidores visitantes y tenían que desplazarse a otra zona del campo sin previo aviso. Otra humillación para el aficionado franjirrojo.

Las claves de esta vergüenza no hay que buscarlas más allá del palco de dirigentes, donde el director general de la entidad, Antonio Fernández Monterrubio, sigue escondido sin dar una sola pista sobre sus responsabilidades y su plan de gestión. Después de seis meses de mandato y cobro en el Rayo Vallecano, hechos como los acontecidos el sábado por la tarde en el Estadio de Vallecas merecen, como mínimo, una explicación al rayismo.

Incapacidad

A estas alturas está claro que los que mandan en el club son incapaces de encontrar doce o trece mil personas que se abonen al Rayo Vallecano en Primera División. Así de triste y así de lamentable. Con medio millón de habitantes hasta el Puente de Vallecas y otras tantos en los alrededores, su calamitosa gestión social mantiene al Rayo en la cola de abonados de toda la liga, con los mismos números que tenía en Segunda División.

El del Athletic fue solo el primer ejemplo de lo que está por venir, con el estadio a disposición de los equipos ‘grandes’ que llegarán en la segunda vuelta. Aficionados del Real Madrid, FC Barcelona, At.Madrid y Betis repetirán invasión masiva. Cuidado, alguno llegará a las manos cuando el rival no sea tan amigable y en Vallecas sus aficionados no sean tan «bien recibidos» como lo fueron el pasado sábado.

Mientras tanto, la dirección del club apuesta por hacer caja en estos días puntuales con precios elevados a visitantes pudientes, aunque sea a costa de vender lo poco que queda de la franja roja. Pan de hoy y hambre para mañana que solo oculta momentáneamente una incompetencia manifiesta a la hora de gestionar una marca. Tarde o temprano no llegarán los equipos grandes y el rayismo apuntará de nuevo a la quiebra. Busquen entonces al director general de este despropósito.

Hablamos de una misión imposible cuando no conoces la historia social del club y del barrio que estás manejando. En el palco no hay paro, ni sentimientos, ni inteligencia emocional, ni tan siquiera una miserable estrategia comercial de esas que enseñan en las universidades de pago. Por no haber no hay ni camisetas que vender en la tienda, no hay nada. Sólo un director general. Y oscuridad, mucha oscuridad.

Desprecio al aficionado

Los abonados a la franja están condenados a ver los partidos en un estercolero, al tiempo que aficionados visitantes ocupan su asiento por error o por desconocimiento, sin nadie que ponga orden y concierto mientras se pierden los diez primeros minutos de partido. A la espera quedan peleas y acontecimientos más graves con las futuras visitas de merengues, blaugranas, colchoneros o verdiblancos. Los de las corbatas lo verán desde su palco, como siempre.

El aficionado del Rayo Vallecano no se merece entrar a su casa por un vomitorio a oscuras y lleno de mierda. No se merece llegar a su asiento, repleto de más mierda, y poner un periódico para secar el agua que cae de una gotera en la grada. No se merece tener que sentarse pisando pipas, bolsas de patatas y demás basura sin limpiar desde hace semanas. Cuando llega el descanso, no se merece coger aire y entrar a unos baños asquerosos y malolientes, también llenos de mierda, y ahora hablo literalmente de excrementos, de materia fecal, y de orines. No se lo merece nadie, ni vosotros leerlo, ni yo escribirlo.

Tinieblas

Y además se toma al socio por tonto. Una asistencia por tornos de 12.450 personas fue anunciada en el descanso del partido. La capacidad del estadio ronda los 14.500 espectadores después de la reforma del año pasado, y estaba prácticamente lleno. Hagan cuentas y busquen 2.000 donde se imaginen, aunque esté oscuro.

Este sospechoso suceso, como muchos otros, no merecerán la explicación del director general del club. Antonio Fernández Monterrubio sólo aparece en actos de mayor relumbrón e importancia, es decir, comer con Florentino Pérez cuando toca el Real Madrid o firmar -en español y en inglés y cuanto antes mejor- los documentos necesarios para el traspaso de Jordi con los emisarios del Brujas.

Más grave tornan los hechos cuando se mata la ilusión de los más jóvenes: «Esa zona está reservada para los aficionados del equipo contrario, tienes que buscarte otro sitio en el estadio». Así de claras fueron las instrucciones del encargado de seguridad a un rayista y sus tres acompañantes de 9 años de edad cuando se dirigían a su asiento habitual, a su abono, al pequeño rincón -lleno de mierda, no lo olviden- desde el que pretendían animar con ilusión a su equipo. Ese equipo tiene un nombre: Rayo Vallecano. Y un director general: Antonio Fernández Monterrubio. Oscuridad.

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