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Fotografía / Rayoherald.com

Encuentro en el cementerio

Lo confieso, vengo del cementerio. Escribo estas líneas con los ojos humedecidos y con la misma emoción que invadió mi cuerpo el sábado a las seis de la tarde, según arrancaba el partido en Los Cármenes. Con más de veinte mil almas empujando en contra, los de la franja se hicieron fuertes en el campo y en la grada para llevarse el gato al agua.

Bien saben los dueños de ese hotel de espíritus que mis huesos no serán buen cliente cuando llegue mi hora, pues soy más de ceniza y ahorro de espacio. El que me llevó de la mano por primera vez a un partido del Rayo Vallecano no opinaba lo mismo, así que esta misma mañana, rodilla en tierra, me he acercado a contarle que ayer vi ganar a su franja en Granada con valentía, coraje y nobleza. El encuentro no duró más de diez minutos, pero me pareció ver que se movía un ladrillo. Escalofrío.

Ecos de una afrenta

Aún recuerdo la celebración de Aganzo hace ya más de catorce meses, cuando no merecimos premio y sacamos tajada. Por caprichos del destino esta vez casi nos volvemos a medias y con el mismo botín que ese día. Lo evitó la mano de Dani y lo celebraron todos al tiempo, porque hasta en eso estuvo solidaria la franja. Me habría dolido mucho, pero el injusto empate no habría mermado mi orgullo vallecano. A pesar de mi fama sólo saco la daga cuando se escatiman esfuerzos o en situaciones de torpeza manifiesta. El sábado los nuestros lo dieron todo, y bien. Orgulloso.

Bufandas al viento

Veintidós mil almas contra mi franja cantando un himno a capela. Juro que en ese momento me imaginé Vallekas llena fieles con las bufandas al viento. Sigo enfrascado en la tarea de descifrar por qué mi feudo no revienta domingo tras domingo. Eso sí, también me encontré mequetrefes a sueldo que tiran botellas y desean la muerte a uno de los míos. Desterrados como su propia dignidad tenían que estar, además de bien castigados. Me quedo con la mayoría y con un recuerdo que me pone los pelos de punta. Emoción.

Latigazos con dedicatoria

Dos como dos soles de grandes. El de Michu en la portería que le vio llorar hace pocos meses, y el de Piti en la que le coreaban su deceso. Zas y zas. Qué pase el siguiente. A ellos les uno la parada de Dani en los estertores de la contienda y la nueva lección de los jefes de la guarida: Jordi y Arribas. Si me pongo a destacar me salen más de catorce, así que lo resumo en todo el equipo. Solidarios y enormes del primero al último, aunque para el diecisiete me dejo un párrafo entero. El que sigue.

Don Roberto Trashorras

Saben los que me conocen que el halago no entra dentro de mi vocabulario diario, salvo por motivos de peso. Lo de este hombre tiene visos de encumbrar la historia reciente vallecana. Lección de pases, conducciones, temple, mando y envoltorios varios dentro de su repertorio. Jugó andando o eso nos pareció a los que lo vemos de lejos, recibió por todos sitios y se vació como el que más. Ahí están los frutos. Recuperado.

Jornada de puertas abiertas

En más de mil batallas estuve y de ninguna me sacó un soldado que no quería estar en la trinchera. El que a estas alturas no sepa lo que es la franja, o lo sepa y prefiera defender el escudo hereje de los de Flandes, ya sabe dónde esta la puerta. Sólo abre para un lado, así que absténganse de regresar mañana los que son incapaces de acabar un encargo para hoy. El treinta de junio hablamos, pero el que se borre antes de eso cambiará un alma franjirroja por la sombra de la sospecha. Lo siento.

Como es costumbre los lunes, llega el mensajero a recoger mis líneas para el heraldo, bien cocinadas durante el fin de semana. Me quedo sin vino, sin tiempo y sin tinta en la pluma para incluir en mis breverías un par de episodios bochornosos. Habrá tiempo, no lo duden.

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