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Fotografía / Rayoherald.com

El precio de la intranquilidad

Flaco favor se le está haciendo a la franja con los rumores y las negociaciones de salidas de piezas fijas en el once de Sandoval. Con la cabeza bien alta después de la dos últimas victorias y a expensas de recibir en Vallecas a Mallorca y Athletic, las aguas bajan revueltas por la Albufera sin que parezca que nadie pueda poner cordura en esta marejada.

Sandoval está empezando a estar harto de inventarse y reinventarse mil veces, sabiendo que la cuerda se puede terminar rompiendo en el mejor momento del sueño, dejando la nave a la deriva. Desde el caso Movilla hasta el pasaporte de Lass o las dudas de algunos por las cuatro derrotas seguidas, parece que no hay semana ni día tranquilo en la casa rayista.

No quito razón, porque la tienen, a los que buscan en los despachos la rebaja de la deuda dejada por los innombrables, pero la fuga de cerebros no hace más que resquebrajar la columna vertebral de un once que se crece por momentos para alcanzar el objetivo.

Nadie va a entrar de oficio en los dimes y diretes de si es ética o no la ‘caza de brujas’ de las últimas dos semanas, pero se echa de menos la voz firme de alguien de arriba que calme tempestades y ponga las cosas en su sitio. Al olor del dinero fresco contante y sonante, se pone en peligro un vestuario acostumbrado a remar contra corriente, pero con el fuelle lastrado desde el origen.

El caso Fuego se cerró hasta nuevo aviso, pero la nave vuelve a tener fugas ahora en la retaguardia. La posible salida de Jordi hacia tierras belgas a cambio del contrato de su vida no es más que la cerrazón de un representante, nadie dude que siempre interesado y sin colores, y unos administradores tecnócratas pegados a un frío excel.

Con los recursos cada vez más limitados se plantará el Rayo el domingo ante los bermellones. La paz social que tanto se valora, la unión ante las injusticias pasadas y la cordura han de ser movilizadas, y desde esta tribuna apelo a un llamamiento para quien quiera recoger el guante. Sólo un cosa: por favor, dejen de una vez trabajar en paz a este equipo que tantas alegrías nos está dando, y las que nos quedan, estoy seguro.

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