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Fotografía / Rayoherald.com

Por la vía rápida

Finiquito estas líneas ya desde la estación de Atocha, prensa de fin de semana en mano y con más equipaje que el deseado. He tenido que planear mi visita a la Ciudad Condal de lunes a viernes, no sea que algún mequetrefe tenga a bien cambiar de nuevo esta cita de la franja. Parto sin el visto bueno de mi galeno, que me recomienda reposo bajo amenaza de encontrarme con Kubala antes de lo previsto. Ni tengo intención de hablar de fútbol con Ladislao ni de renunciar a ver a los mios allá donde jueguen esta semana.

Un punto, por lo menos

Me gustó mi equipo contra el Valencia. Nunca celebraré una derrota, por injusta que sea, pero confieso que el sábado por la noche no renuncié a mi cita con la frasca a pesar de regresar a la taberna sin puntos en la buchaca. Valentía, coraje y nobleza se habrían visto recompensados con un punto de haber acertado en el tiempo de descuento. El equipo dio la cara y, sin que sirva de precedente, con rivales de este empaque me vale. Cuidado, que la cara fue mejor con Trashorras, Botelho y Tamudo que con sus equivalentes de inicio. Lo mismo al revés nos gusta más a todos.

Enajenación mental transitoria

Vaya por delante que está en mi lista de tres favoritos, de largo el que más futuro tiene de la plantilla y un central de nivel extraordinario salido de la nada. Dicho esto, contra el Valencia Arribas jugó los peores veinte minutos que se le han visto jamás con la elástica franjirroja. Nervioso, eligiendo mal las opciones y liándose en jugadas absurdas con Cobeño hasta dar alas a un Valencia que no sabía ni donde estaba. Lo cuento porque mi pluma no entiende de filtros, pero me quedé más tranquilo al observar que sólo fue un despiste de media hora y que según avanzaba el partido el verdadero Arribas ya estaba de vuelta. Crédito, y mucho.

Primero yo, luego yo y después yo

Me molesta, me cansa, me incomoda, me aburre y me enoja la pantomima semanal cuando se levanta la tablilla indicando los cambios. Me importa un comino que sea práctica habitual entre niñatos egoistas que visten otras camisetas, pero me duele y mucho que suceda con la franja roja. En el combate, cuando vas por detrás en el marcador y te llaman al banco para que salga un compañero, uno se va a galope y sin perder ni un segundo, que el equipo es lo primero. Ya en la caseta puedes blasfemar y negar el saludo al que te cambia, que por cierto es el mismo que te pone. Toma nota Francisco Medina, que lo mismo la próxima el que está esperando para entrar eres tú, y también te merecerás un respeto del que sale. Egoísmo.

10.137

Ese es el número de aficionados que acuden a Vallecas un sábado por la tarde para ver a su equipo, y de paso a un rival de los que dicen europeos. Me salté demasiadas clases en la escuela y me paso demasiadas noches en la taberna para tener la solución en mi mano, si es que la tiene y si es que alguien piensa que falta arreglar algo, que a estas alturas lo dudo. A grandes rasgos, recuerdo unos 3.500 en Segunda B y unos 10.000 en Segunda, que no han aumentado este año. Dejo el problema en manos de los inteligentes ingenieros a los que corresponda y me limito a expresar mi pena. Admiro cada bufanda y cada abonado que me encuentro por la Albufera, pero mentiría si dijese que no me gustaría ver el estadio lleno cada fin de semana. Que lo arreglen, si es que saben, pueden y quieren.

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