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100 kilómetros de Vallecas al cielo

Rayista, herenciano y manchego, en este orden. Con algo de hidalgo y clérigo a la vez, cambió las calles blancas de su tierra por las de Vallecas, siempre atravesadas por esa franja roja que cruza el corazón. Pregonero en las Fiestas de la Virgen de las Mercedes “y a mucho orgullo”, y dueño del micrófono de Vallecas desde hace ya bastantes años, su historia viene marcada por los miles de kilómetros que ha devorado siguiendo dos sueños: ver al Rayo pelear contra su historia y ser uno de los pocos supervivientes que ha corrido todas las ediciones del Maratón de Madrid.

Los goles desde la pecera

Curtido bajo los molinos de viento y bien alimentado por el arrope, las migas gañanas y las perrunillas, Rafa destila rayismo por los cuatro costados. Siempre con su agenda debajo del brazo, nervioso, como si se dejara algo por hacer continuamente, sueña con ver a su rayito disfrutar entre los grandes muchos más años. De mirada sincera, muñeca fina como todo buen atleta y barriguita cervecera, a sus ya más de sesenta años, se sienta cada partido en esa pecera desde donde canta alineaciones, cambios y goles, muchos goles.

[..] Ahí sigue mi hija con mi nieto y la bufanda alrededor del cuello [..]

Lejos queda ya la época de la fila 10 de la grada de preferencia. “Ahí sigue mi hija con mi nieto y la bufanda alrededor del cuello”. En ese mismo sitio también estuvo sentada su mujer durante muchos años, a la que un cáncer se llevó como tantos otros rayistas. Llegó a Madrid a estudiar y recibió la acogida por parte de su tío, rayista de pro. “Él ya era socio y me llevó al fútbol… desde ese día ya van más de 45 años seguidos de rayista”, proclama con orgullo.

Ya son siete años de locutor en el Rayo, pero su historia tras el micrófono empezó hace muchísimo tiempo. “Recuerdo que se celebraban los primeros 100 km Villa de Madrid y yo ya era atleta. Luis Sanjurjo me ofreció serlo porque él no podía estar el día de la carrera, y como yo me conocía a todos los corredores, parece ser que lo hice bien. De esto ya hace 26 años”. Desde ese día han sido cientos y cientos de carreras populares, pruebas de ciclismo, balonmano, etc… hasta que un día me ofrecieron hacerlo en mi equipo de toda la vida.

Sin fallar en la maratón de Madrid desde 1978

“He corrido los treinta y tres maratones de Madrid. El primero, allá por 1978, lo hice con unas zapatillas Juma y fue mi primera carrera en la vida con dorsal. Hice 4 horas y 18 minutos. Salía a correr, ahora lo llaman entrenar, y te dabas una panzada de hacer series, cuestas, cualquier cosa para ir mejorando la marca, así… hasta ahora, que cada año que pasa lo hago en peor marca”.

[..] He corrido los treinta y tres maratones de Madrid. El primero, allá por 1978, con unas zapatillas Juma [..]

Preguntarle por el día más feliz de su vida como rayista no es fácil de responder. “Creo que han sido los ascensos. Yo he llorado mucho cuando hemos bajado, pero también cuando subimos de Segunda División B. Recordar el viaje al Puerto de Santa María, con miles de rayistas por la playa, llegando por la mañana a Madrid para ir directamente a trabajar… hemos sufrido mucho, pero no me cambio por nadie en el mundo”.

Pudo disfrutar del último ascenso desde el césped, pero su trabajo le costó hacerlo. “Desde ese día me conoce todo el mundo. La plantilla tenía preparada una Vida Pirata a lo grande, y no había forma de vaciar el césped de gente… hice lo que pude y me ayudó mucho Sandoval”.

Ahora disfruta de su Rayo en 1ª división, pero siempre tiene un recuerdo para alguien especial. “Con Juande Ramos tuve una gran relación, porque nos llevó por toda Europa y vivimos unas temporadas magníficas…¡además era manchego como yo! Ojalá algún día venga un jeque y podamos ver al Rayo ganar la liga… ¡y cantar ese gol desde la cabina!.

La mirada al cielo

Rafa tuerce el gesto cuando habla de la persona que más quiere en el mundo. Su mirada ahora se va hacia arriba, y por el cielo de Vallecas asoma su mujer, Merche. “Era guapísima, maravillosa como esposa y madre de mis hijas… el cáncer no quiso que siguiera entre nosotros, y desde ese día todo lo hago por ella, allá donde esté”.

[..] Era guapísima, maravillosa como esposa y madre de mis hijas…desde que se fue lo hago todo por ella, allá donde esté [..]

La emoción le invade y las palabras salen con dificultad de la boca de un rayista de corazón que siempre tiene un ojo en el cielo: “Fue todo muy rápido, le dijeron que tenía una mancha en la piel y que había que mirarlo… no duró más de un año… esto fue en el año 96. Antes me esperaba en la meta de los maratones, cogía a mi hija en brazos y nos íbamos a comer todos juntos. Ahora es mi nieta la que me dice abuelo… Estoy seguro que me está viendo ser feliz con mi equipo”.

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