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Fotografía / Rayoherald.com

Por los que se fueron

Llevaba todo el verano esperando este momento y el domingo lo disfruté como un niño. Me da igual que una panda de futbolistas de medio mundo y de medio pelo, disfrazados con una camiseta del Real Zaragoza cuya historia dudo conozcan y cuyo escudo dudo merezcan defender, me robaran un par de puntos a base de tanta racanería como fortuna.

La franja roja está donde se merece y el que nos quiera echar de aquí tendrá que sudar sangre. Lágrima contenida de hombres recios bien curtidos que se visten por los pies y no por los bolsillos. Historia, orgullo vallecano y Quijano a su disposición, eso siempre, con unas líneas dedicadas a los que de la mano nos llevaron por primera vez a un encuentro furtivo con la franja roja.

Muchos ya no estarán y bien sabe dios que pronto me uniré a ellos. Su recuerdo hace temblar mis manos, o quizás sea el buen vino que acaba de desaparecer de mi vaso, pero aún me da para poner el corazón en papel con mi desgastada pluma. Al lío.

La hora de la verdad

Prometo que llegué a emocionarme justo cuando empezó la contienda contra el Zaragoza. Vallecas rugía como hace décadas y el fondo temblaba bajo el grito de los Bukaneros. Juro que no hay pandilla más fiel en ningún campo de la piel de toro. Lástima que el estadio se viera medio vacío en tan grande fecha. No llegamos ni a 10.000, pero la mayoría de los que están llevan la franja atravesando el corazón desde que eran niños de teta. Estoy seguro que estos se comen el Alfonso Pérez este domingo y callan a los 80.000 señoritos del Bernabeu. Orgulloso.

No quiero ni verle en dos meses

Me he visto la pretemporada entera, ya lo avisé hace un par de semanas y nadie me ha hecho caso. Espero que el que debe reaccione y ver el nombre de Lass en la próxima convocatoria del filial para jugar contra el Albacete. Al chaval le han regalado demasiado los oidos y las caras de sus compañeros cuando coge la pelota lo dicen todo. Antes y después de vaciar la frasca lo repito alto y claro: he visto un millar de tipos como este y novecientos noventa y nueve acabaron regateando a su sombra en las pachangas del barrio. Si quieres ser futbolista, aprende a elegir el momento y a pasar el balón. Si no quieres, no nos hagas perder el tiempo.

Los marqueses de Heliópolis

Dicen los marqueses de Heliópolis que no pueden jugar a las doce de la mañana, que hace mucho calor en Sevilla y llegan tarde al aperitivo en la calle Betis, como si en el resto de la península hiciera fresquito a esas horas. No tienen tanto calor ni les suda la mano cuando acuden fieles a por el cheque del reparto televisivo, donde salen bien parados por la gracia de dios y en misa de doce si hace falta. Hasta la toledana me tienen desde hace tiempo y la sangre me hierve cada vez que la maldita cresta sale a pasear. El domingo los de azul y los de la franja juegan a las doce, aunque algún ex-entrenador de ambos no se acuerde de cómo pega el lorenzo en la capital del reino. Rabos de pasa.

Panda de ramplones

Me lo olía en cuanto los vi saltar al patatal de Vallekas y no se llevaron un saco de milagro. Unos recién llegados, otros que han ido y han vuelto, el cancerbero de los 8 millones de euros y un entrenador mejicano experto en cuentos chinos. Ya no es que me crea el discurso de Sandoval o no, es que veo más onces con flojera de piernas que casos de peste negra en el siglo XIV. Los Levante, Sporting, Racing, Granada, Zaragoza y algún invitado más de última hora se creían que el Rayo era el fijo para el descenso. Me da que se van a comer las palabras en menos de un mes, en cuanto algunos más de los nuevos luchadores de la franja se sepan de memoria los agujeros del Nuevo Estadio.

Hoy paso de puntillas por el lado oscuro

Embriagado por el regreso a Primera y por alguna que otra frasca de morapio que de alguna manera tengo vacía en la mesa, esta vez pasaré de puntillas por los oscuros episodios que nos rodean estas últimas semanas. En un rápido recuento me viene a la mente una reunión en Sevilla en la que alguno voló del nido sin mediar explicación, una fundación acostumbrada a fundirse euros de las inscripciones sin acuse de recibo y un huerto de patatas al que al tiempo que cambiamos el nombre deberíamos cambiar el verde. La daga vigila y no me la intenten dar con queso, que en el ejército fui cocinero antes que fraile, y delgado.

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