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Fotografía / Rayoherald.com
Fotografía / Rayoherald.com

Cuando el respeto al sentimiento se hace imprescindible

Demasiado acostumbrados andamos últimamente a mucha chapuza en torno al Rayo. A ello se une un silencio y secretismo institucional que roza el surrealismo.

Para muestra el fantasmagórico estado de la página web oficial del equipo, mas no tiraremos por estos derroteros en estas líneas, que no se trata de escribir un libro. Quería centrarme en una de las cuestiones que más preocupan al rayismo en su retorno a Primera: el precio de los abonos para la próxima temporada.

Mucho se ha hablado en los últimos días sobre una desproporcionada subida en el precio de éstos que vendría a escocer, y mucho, en los bolsillos de una afición demasiado fiel para tanto latigazo recibido. El principal activo del club, una masa que creció prácticamente de la nada cuando el enfermo estaba en coma, podría sufrir un bofetón inmerecido por parte de los nuevos gestores de la franja roja.

Claro está que la situación económica que vive el club es delicada. Pero más aún lo está que no ha sido precisamente culpa de esta afición ejemplar y no habría de ser ella quien sufra las consecuencias de gestiones pésimas y rodeadas de oscurantismo. En toda cabeza medianamente razonable se da por seguro que con el aterrizaje en Primera el precio de los abonos subirá. De acuerdo en ello estamos todos, pero oigan sus señorías: hasta cierto punto.

Se antoja imprescindible que ahora más que nunca el club cuide y muestre el mayor de los respetos a una afición que ha sufrido en los últimos años, no sólo por su equipo sino por una situación socioeconómica que están pagando sin haberla causado.

El premio a la fidelidad para todos aquellos que levantaron al caído en Segunda B debe hacerse realidad en forma de descuento a la hora de pasar por caja. Propuesto está y sé que no soy el único que quiere que así sea. No es cuestión de sajar al que ahora sí acompañará a la nave franjirroja en sus nuevas travesías, pero sí es razonable un trato deferente a quienes siempre estuvieron ahí. Incluso, los nuevos abonados -bienvenidísimos sean- lo entienden.

Por último, señores encorbatados, dejen de mirar otros ejemplos en Primera. Ni se les ocurra pasarse a echar un vistazo a los abonos del Getafe. Si lo hacen, quizá vuelvan los tiempos en los que la grada vallecana se mostraba triste y semivacía aun estando el equipo jugando la UEFA. Sería demasiado doloroso. Ténganlo en cuenta si ese amor por la franjirroja no es un farol.

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