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Fotografía / Rayoherald.com

La mentira del tinto de verano

Cansado pero satisfecho regresé el lunes por la mañana a casa después de ver a un equipo de Primera pasearse por Cartagena. No recordaba semejante nivel de los franjirrojos desde comienzos de temporada, cuando el equipo no respiraba aún ese aire contaminado que ha amenazado más de una vez con ahogar nuestras esperanzas.

Con el objetivo cumplido días atrás, a más de un titular vi dar la cara como si le fuera la vida en ello. Mejor todavía, a más de un suplente vi volar sobre el césped de Cartagonova justo una semana después del ascenso, demostrando que la franja roja se defiende igual en un entrenamiento que en un duelo a vida o muerte pasada la medianoche. Ese es el espíritu y orgulloso de la franja me dejaron todos, una vez más.

Vacaciones en la playa

Como es mi costumbre tras una visita a la Fuente, me tomé la semana posterior de vacaciones en la playa de la taberna de los sueños. Allí conocen bien mis gustos y me sirvieron sin cesar exquisitos tintos de verano, con cien por cien de vino y ni una gota del asqueroso líquido gaseoso. Como estoy bien entrenado, la calidad del morapio no afectó a mis sentidos y pude incluso tomar notas de los chascarrillos que los menos discretos compartían dos mesas más allá de la mia.

Confieso que no di mucho crédito a lo que escuchaba entonces, pero revisando todo lo publicado sobre Martín Presa en las últimas horas parece que algunas piezas encajan. Ese grupo de veteranos, salpicados con algún jovencuelo de sangre franjirroja, le recomendaban al nuevo dueño tener mucho cuidado con la sombra poco afilada pero muy peligrosa de un gerente de cuyo nombre no quiero acordarme. «Se la está jugando por la espalda, pronto se dará cuenta», anticipaba un rayista antes de conocer el agitado fin de semana, Expósito mediante. Tinto con gas y en botella, mala mierda para el gaznate.

Un consejo, si me lo permite

Antes de preparar mis ropas para el cierre de curso ante los niñatos de peinado y pendiente del campeón de Europa B, permítame una recomendación tan pequeña como sincera. No le hará mal, se lo asegura mi toledana. Señor Raúl, si va usted de mentira, si no tiene las agallas que hacen falta para salvar la nave o si no lo ve claro por circunstancias que se escapan a mi entendimiento, salga usted por la puerta mejor ayer que mañana.

Si por el contrario, por razones que seguro también escapan a mi entendimiento, decide usted seguir en nuestra casa, empiece las cosas por el principio. Escuche a los que han sido cocineros antes que frailes y asegúrese de caminar tranquilo sin puñales en la espalda. De las monedas de oro necesarias ni hablo, porque esas como el valor en combate se dan por supuestas en su cargo, y si no las tiene va a tener que dar muchas explicaciones. A mi toledana una de las primeras.

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