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Fotografía / Rayoherald.com
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Somos grandes y aquí estamos

“Te vi ganar, te vi perder, te vi caer, te puse en pie”. Desde las dos de la tarde del domingo, estos versos se repiten sin cesar en mi cabeza. Retumban gloriosos. Despiertan suspiros más felices que aliviados. Pertenecen a una de tantas emocionantes canciones nacidas desde el fondo del Estadio de Vallecas en los años más prolíficos en variedad de cánticos que la hinchada vallecana ha elaborado, aquellos años en los que se besó el suelo y sólo unos pocos visitábamos las gradas del estadio.

Es inevitable echar la vista atrás, porque recordando lo vivido, la fiesta del domingo supo mejor. Inolvidablemente mejor. Tiro del hilo y aparezco en Salamanca, en el mismo córner que sólo esperamos volver a visitar en Primera, coreando una misma canción nadie sabe durante cuánto tiempo para ver huir la esperanza cerca del final.

Se confirma la debacle y me veo después de toda una temporada viajando a Irún. Disfruto el día en Donosti para acabar con gesto torcido y sin ilusión horas más tarde después de lo vivido en el Stadium Gal. Nadie dijo que fuese coser y cantar, pero uno pecó de inocente. Meses antes ya se habían gestado los versos citados al ritmo del tema del grupo italiano Statuto ‘I Campione siomo noi’. “Tú no podrás entender, yo no te sabré explicar el porqué al Rayo lo llevo dentro de mi corazón…”.

Un mal experimento nos dejó un año más tarde incluso lejos del playoff, mas lo peor estaba por llegar. Era junio de 2007 y el fin a la pesadilla parecía cerca después de haber dejado atrás al Portuense y haber ganado al Éibar en casa. La afición, enganchada a la verdadera fiebre rayista, respondió en masa y hubo problemas incluso para conseguir entradas en la visita al mítico Ipurua. “Lloraremos. Ganemos o perdamos”, comenté antes del partido a una compañera. Por desgracia lo hicimos de pena, sin entender por qué tan cruel castigo a un corazón atravesado por la franja roja y desde entonces marcado a fuego por aquellas lágrimas.

Sólo el ascenso ante el Zamora un año después calmó tanto dolor. También hubo lágrimas, esta vez de alegría. Fe de ello pueden dar quienes me rodeaban, aquellos que el domingo me acompañaron en cuerpo y alma hasta la fuente de la Asamblea. Con ellos, con todos los que tendieron con sus ánimos la mano a los caídos y con los creadores de Rayoherald, un proyecto admirable que dio voz a un equipo olvidado por los grandes medios, quería abrazarme y disfrutar de lo conseguido. “Y sé que pronto volveremos a ser grandes. Y allí yo estaré”, concluye la canción. Ya lo somos y aquí estamos.

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