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El campeón se queda en el camino

Fuente: rcdespanyol.com

Después de cinco empates consecutivos, de ocho encuentros sin perder, de un partido (el del pasado domingo) que devolvió la ilusión y la confianza a todo el mundo, el Espanyol tropezó con la piedra que menos esperaba en el camino de su recuperación anímica y deportiva. El actual campeón de Copa se quedó por el camino víctima de su desacierto en la primera mitad. Fue un partido que pudo quedar sentenciado muy pronto y que, sin embargo, se complicó al poco de comenzar la segunda parte y se cerró con amargura por una derrota tan inesperada como dolorosa.

Los casi 6.500 pericos que acudieron a Montjuic lo hicieron sabiendo lo que más o menos se iban a encontrar: un estadio desangelado, un partido en el que el Espanyol estaba obligado a demostrar su ‘caché’ y un Rayo que, sin jugarse demasiado, buscaba la sorpresa de volver a sentirse otra vez grande. Y más o menos ese fue el guión que se vio durante muchos minutos sobre el césped del Olímpico.

Primera mitad de dominio local

Si la primera mitad fue de claro dominio blanquiazul, por ocasiones y empaque, en la segunda, el equipo de Vallecas salió respondón, sobre todo con la inclusión de J. Álvarez, que aportó velocidad, profundidad y contagió a su equipo de confianza en la remontada.

Los primeros 45 minutos tuvieron un claro color local que se inició con un balón estrellado en el poste por Jarque después de una buena acción colectiva de ataque cuando sólo se llevaban 10 minutos. Aunque el juego nunca tuvo demasiada continuidad, los blanquiazules no vieron peligrar su portería en ningún momento, ni con lanzamientos de falta, ni con chuts lejanos. Por el contrario, Javi Muñoz tuvo que emplearse a fondo en un par de acciones de Coro, pero antes hubo un clarísimo remate de cabeza de Moisés que despejó espectacularmente.

El Rayo sentenció a la contra

Sin agobios y sin nervios, el Espanyol encaró el descanso confiado en repetir una segunda mitad similar. Sin embargo, el Rayo pareció más decidido. Había estado agazapado y tuvo la ocasión de optar por lo que más le gusta: jugar a la contra, buscar la espalda del contrario y presentarse con cuatro pases ante la meta de Gorka Iraizoz. La salida de los de Vallecas hacía presagiar que en el descanso habían oxigenado incluso su actitud. Y el partido entró entonces en lo que menos le gusta al Espanyol: ir contracorriente y jugar contra el reloj.

En el minuto 56, Michel adelantó a los vallecanos con un cabezazo desde cerca que sorprendió a la defensa blanquiazul con su llegada desde atrás. El 0-1 hizo que Valverde moviera ficha de inmediato y colocara a De la Peña en lugar de Fredson y poco después a Jonathan Soriano en lugar de Moha. Desde ese momento, el Rayo situó, en cada ataque local, a los once jugadores metidos en su campo y empleándose a fondo para mantener la ventaja. Tenían el botín y querían conservarlo hasta el final, aunque a cada pérdida blanquiazul respondían con la velocidad de un contragolpe que se adivinó letal.

Michel, otra vez, en el 71, volvió a poner a prueba a Gorka en una clarísima jugada de ataque visitante. Por el contrario, los blanquiazules no encontraban ningún hueco por el que perforar la nutrida defensa madrileña. El Rayo, contemporizando y el Espanyol, cada vez más inquieto porque no encontraba grietas, llevó al partido a una intensidad brutal hasta el último minuto, hasta el último segundo, hasta el último suspiro. Esta vez no hubo gol a la desesperada, pero sí muchísimo coraje que se quedó sin premio.

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