Principal > General > Un Rayo de Primera División

Un Rayo de Primera División

Refrito de www.rayovallecano.es

Empate a uno entre el Rayo Vallecano y el Espanyol en la ida de los dieciseisavos de final de Copa del Rey. Y en eso fue, sólo en eso en lo que el Espanyol le igualó al Rayo en la noche copera de hoy. En lo que dictamina el marcador. Porque el Rayo mereció ganar, fue mejor, se sintió superior y lo que es más importante mandó y dirigió durante el choque ante el vigente campeón sin que se notara la diferencia de dos categorías existente entre ambos. Ya con eso uno se puede ir a casa contento si siente los colores del Rayo, pero hoy, incluso eso no pudo ser.

Hagamos lo imposible decía el fondo de Vallecas en un anhelo veraz de volver a sentirse grande entre los grandes. Tras tres pasos ante rivales de la categoría, ahora el Espanyol llegaba a Madrid con la vitola de campeón y una mala racha en Liga. A lo largo de la semana los jugadores de Mel afirmaron la ilusión de poder volver a disputar para algunos, de sentirlo por primera vez para otros, el sabor de una noche de fútbol como las de no hace tanto tiempo. Y así fue, hasta el instante final.

Salió el Rayo con la novedad táctica de Raúl Molina en la derecha y Chupe en el enganche. Por su parte el Espanyol con su esquema tipo y con Pandiani en punta.

En cuatro minutos Torrejón remataba justo a la cruceta en lo que al final, sólo sería un espejismo de lo que la teoría vaticinaba. Dominio del grande y pegada final. Poco a poco el Rayo se fue encontrando en el campo en torno a Yuma. En lo que el seis rayista fue apareciendo, creció el equipo local. Mandó, templó, dirigió y puso el ritmo necesario en cada momento, demostrando la realidad de su fútbol que dejó hace tiempo de ser promesa.

Ya en el veintiocho, Raúl Molina hizo sonar la alarma avisando con un remate de cabeza que se marchó por poco. Para entonces el Rayo ya mandaba y comenzaba a difuminar el peso de las apuestas. Y en esas estaba el partido, cuando tras una vaselina marrada por Diego Torres llegaría el gol del Rayo. El propio Diego se vencía hacia la banda, cambiaba par con Raúl Molina y ponía un balón al área que Moha cortaba con la mano, de forma clara, con intención y separada del cuerpo.

Penalti que lanzó el propio Diego Torres, duro, raso y al palo. Pese a la estirada de Gorka Iraizoz, uno a cero casi en el descanso.

En la segunda parte Valverde dejó a Moha en el banquillo y dio paso a Chica. El Espanyol intentó salir de su letargo, pero fue ahí cuando Chupe se cosió el balón para aparecer y desbordar como pocos pueden hacerlo. Fruto de una internada llegó la primera polémica de la noche al caer en el área ante Sergio que, sólo para el colegiado no sólo no fue penalti, sino que acarreó la tarjeta amarilla para el delantero.

Con la grada aún caliente y ya en el minuto sesenta y ocho, llegó otro desborde de Chupe quien tras marcharse de Sergio y lograr internarse en el área era derribado de forma clara por Torrejón. En esta ocasión no hubo tarjeta para Chupe, pero tampoco fue penalti para el colegiado vasco.

Con el cariz que tomaban los acontecimientos, el Espanyol decidió ir a buscar un gol que le allanara el camino para Montjuic y cerca, muy cerca estuvo de lograrlo en un pase diagonal de Luis García que ni Pandiani ni Lacruz acertaron a remachar. El partido agotaba sus minutos, pero aún estaban por llegar la decisiones que lo emborronarían todo. Ya rozando el descuento el colegiado ahora sí que entendía como mano voluntaria de Antonio Amaya y por lo tanto penalti, un centro que el central se encontró en el área. De nada sirvieron las protestas.

Luis García se dispuso a lanzar la pena máxima ante quizá, uno de los mejores porteros ante la suerte de los once metros y como ya hiciera ante el Lugo y ante el Puertollano, bailó, «sacó las alas» como él comenta y le adivinó el lanzamiento al diez.

Javi volvía a recoger el rédito del trabajo diario… pero inmersos en la celebración local, el colegiado decidió que se repitiera otra vez el lanzamiento. En el ardor de la protesta, Delgado Ferreiro decidía expulsar además a Raúl Molina, ya sustituido. Tras cinco interminables minutos en los que se recordaron muchas de las situaciones similares vividas en Primera, Luis García lanzó otra vez y marcó por el centro.

No hubo tiempo para más, el colegiado ganó el túnel, el Rayo se lamentó entre el aplauso de su gente en el terreno de juego y ambos equipos cerraron el choque para volver el domingo a la Liga. Volverán a encontrase en Barcelona el ocho de noviembre. Pero eso ya será otra historia.

<