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Las cosas de Palacios van despacio

Refrito de ideal.es

David Palacios conduce un potente todoterreno de gama alta, mientra retruena en su equipo de música los acordes del último ‘cedé’ de su grupo preferido de ‘hip-hop’ andaluz. Rap sevillano, música pegadiza, rimas descaradas, mordaces, irónicas… Un poco, bastante, como es él. Palacios es un futbolista de trazo fino pero de cachondeo contagioso. Sus bromas con ‘Pirri’, uno de los utilleros del Granada, lo atestiguan. Su juego es estilista pero últimamente no brilla como se le presupone. Una de dos. O bien los rivales le han tomado la medida y le colocan una lapa al lado, o su estado físico se aleja del punto óptimo. Más bien, ambas.

Palacios es lo más alejado a ese porte culturista ante el que se perfilan los futbolistas de hoy. Escuchimizado, casi famélico, al sevillano no requiere de unos sobredimensionados cuádriceps para desbordar por el flanco izquierdo. Su calidad probablemente pertenece a otras divisiones superiores a la Segunda B, pero la noria del fútbol le ha llevado a esta categoría hechizado por el proyecto del Granada.

Los rivales saben de Palacios. El último partido fue un exponente claro. Pepe Escalante, el técnico del Córdoba, lo tuvo a sus órdenes. De partida, le colocó una doble defensa. Un lateral, Carrión, y un interior, Dani, que habitualmente juega más retrasado. «Los entrenadores me conocen pero yo me tengo que sobreponer a esas situaciones», contempla Palacios.

Pero quizás el ancla que impide que su juego alcance la plenitud la forjan sus problemas físicos. Desde el comienzo de Liga alcanza la expiración de los partidos con las fuerzas al límite. El relevo de Milla, cuando Nené era titular, permitía su descanso. Con la lesión del cántabro, Palacios se queda sin casi alternativa y como acaparador de minutos. Frente al Córdoba, fue sustituido. Abandonó el encuentro cojeando. Arrastraba una sobrecarga. «He sufrido molestias en el abductor que no me dejan rendir como quisiera. Ya estoy mejor», explicó ayer, tras entrenarse con normalidad.

Cambios de rumbo

La historia de Palacios resulta curiosa. Su cuna se talló en el Cádiz. El sevillano se convirtió durante años en la fantasía del Carranza. Las carambolas del destino le hicieron cambiar de aires en la temporada 2003/04. Los de la tacita de plata alcanzaban la Segunda A, pero difuminó el amarillo por el surco magenta de la camiseta del Rayo Vallecano. Los madrileños le devolvieron a Segunda B. Allí quedó encallado, hasta gozar de un escarceo con el Murcia la campaña pasada. Ahora, de nuevo en la ‘B’, espera haber acertado con un club, el granadino, de ambición constatada.

Palacios se encuentra al filial de uno de los equipos de su ciudad esta semana. Y advierte: «No hay que fiarse. Un día te golean y al otro les metes cuatro», resalta un jugador que, a sus 29 años, ya sabe de esto un rato.

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