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Fotografía / Rayoherald.com

Porque sin ‘Vallekanfield’ la vida no sería igual

19.13 horas. Domingo de pasión en Vallecas. De pasión, no de resurrección. Porque el Rayo nunca ha estado muerto. Me encantan los estadios vacíos. Me impone el silencio de las gradas desiertas. Me gusta sentir la paz expectante, los momentos previos a una gran cita. Una pancarta gigante preside la grada lateral de la Albufera. “Porque la vida sin ti no sería igual”. Es una leyenda preciosa, una frase que resume muy bien la evolución de una afición increíble. Esa pancarta será lo primero que vean los futbolistas cuando salten a calentar. Será el principio de una noche inolvidable.

19.30 horas. Subo las escaleras que conducen a las cabinas de prensa. Saludo a varios empleados por el camino. “Hoy estamos desbordados, ni en Primera había tanta expectación”. Ellos también se merecen que el rayismo se emborrache de felicidad, que la fuente de la Asamblea presencie un abrazo eterno. Hasta el cielo franjirrojo y más allá. Llego a nuestra pequeña cabina de radio. Para mí es la mejor cabina del mundo, la que mejores recuerdos me trae, la que me hace narrar los partidos de pie… la cabina 18 de “Vallekanfield”. Mi pequeño santuario. Soy tan malo jugando al fútbol que mi frustración me lleva a tener más manías que los futbolistas: coloco todo en su sitio (hojas, botellas de agua, auriculares, micrófono…). Antes de salir fuera, dejo que los sueños revoloteen por ese reducido espacio lleno de ilusiones y de voces.

19.45 horas. Me asomo a la tribuna. Pepe Mel y Sandoval dialogan sobre la sagrada hierba vallecana. Sé que Pepe va a ser bien recibido. La parroquia rayista es agradecida con los que se dejaron el alma por su club. Y más si él y su familia conservan como un tesoro los carnés de socios del Rayo Vallecano de Madrid. Compruebo que el mosaico ya está preparado, las cartulinas ocupan cada asiento del estadio. ¡Cómo se lo han currado las peñas! “Blas, me tiemblan las piernas. Estoy nerviosísimo”, me dice un AMIGO al que también le han inyectado el veneno rayista. Ya queda menos.

20.05 horas. Comenzamos la transmisión de radio. Me gustan los nervios, son necesarios. Sin ellos el locutor pierde pasión, se acomoda. No hay nada más bonito en esta vida que poder contarle a la gente algo con lo que pueda soñar, disparar su imaginación, emocionarse. Eso es un privilegio. Hay que vivirlo como si cada partido fuera el último, el mañana no existe. Por delante tenemos un espectáculo mágico. Y el actor principal se llama Rayo y se apellida Vallecano.

20.15 horas. Llegan las primeras noticias de los incidentes. No voy a perder tiempo con esta “gentuza”, no pintan nada en una crónica de emociones, felicidad y rayismo. Qué rabia. Qué mediocres. No representan a la afición del Rayo.

Vallecas se va poblando, el estadio se va a agitando. Los jugadores saltan a calentar. Primera ovación. La pancarta de “Vallekanfield” se agiganta todavía más. Su mensaje invade el corazón de los futbolistas, un grupo de profesionales que merecen la reverencia eterna del barrio. Siento el privilegio de poder estar ahí para contarlo, de compartir el aura especial del estadio más inglés de España. “This is Vallekas”, dice cada 15 días un amigo mío.

20.55 horas. Aparecen sobre el césped los protagonistas. Bulle el estadio. Las gradas se convierten en una gran franja roja dibujada con 14.000 cartulinas. Coge protagonismo la garganta, un instrumento mil veces más “futbolero” que esas “trompetillas” del demonio que deberían ser prohibidas por un Decreto Ley. Ambientazo. Mientras disfruto del espectáculo, pienso en lo bonito que es para los hinchas del Rayo ser hinchas del Rayo. Qué pasada…

22.24 horas. Piti baja un balón. Se lo da a Trejo. El “Inventor de Sueños” se hace hueco. Chuta. Despeja Arzu. La bola vuela. Destino: la mejor zurda de Segunda. Piti no mira hacia la portería, los buenos nunca necesitan hacerlo. Latigazo. Chut para la Gloria. La Gloria Vallecana. GOL. Explosión de júbilo. Sólo me apetece gritar, enrojecer, cantar el gol más largo de la historia de la radio. No es que no quiera parar, es que no puedo. Cuando Vallecas hierve hay que dejarse llevar.

Es el momento en el que el sentimiento vence a la desazón, en el que nadie se acuerda de que no ha cobrado, en el que Piti se siente un héroe, en el que el aficionado sentado en el asiento 8 de la fila 21 también se siente un héroe, en el que Sandoval pierde 10 kilos de peso y gana 11 de felicidad, en el que Coke recorre 30 metros para abrazar a sus compañeros después de haber corrido 20 kilómetros durante los 66 minutos anteriores, en el que Cobeño alza los guantes al cielo, en el que, como dijo el eterno Salamero, “la alegría invade los corazones vallecanos”.

Hace mucho que llegué a una conclusión vital: el éxito de los humildes se celebra más. Por eso no cambio la cabina 18 de “Vallekanfield” por la cabina 1 del mejor estadio del mundo mundial. Suba o no el Rayo Vallecano, los hinchas franjirrojos guardarán en su memoria otra noche histórica. Sin vallas. Con garganta. Con corazón. Con “pelotas”. Con el orgullo de pelear hasta el final. El Rayo Vallecano afronta el kilómetro 32 de su maratón. Su avituallamiento es el empuje de esos miles de rayistas que sueñan con un futuro de Primera. Me tiemblan los dedos al escribir que el Rayito acaricia el ascenso. Pero lo que tengo claro es que en el kilómetro 2 o en el 42, en Primera, Segunda, Segunda B o Preferente… Sin “Vallekanfield” la vida no sería igual.

Carlos Sánchez Blas es una de las voces destacadas (Onda Madrid, Elgoldemadriz.com) dentro del deporte madrileño. Rayo Herald quiere agradecer su participación como colaborador en este diario.

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