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Fotografía / Rayoherald.com

El barco sigue en buenas manos

El pasado 8 de noviembre el barco estaba en buenas manos y el 8 de marzo lo sigue estando. En plena tormenta económica, José Ramón Sandoval ha tenido que dar un nuevo paso al frente en las últimas semanas para dirigir a un grupo de marineros que reman más rápido que cualquier otra embarcación de Segunda División. Y eso que no ven un duro por ello.

Está claro que el destino de los franjirrojos sería muy distinto de haber hecho caso a algún visionario el pasado verano. Con otro inquilino en el banquillo, a estas alturas del tsunami habría que mirar en las profundidades del océano para rescatar trozos del escudo entre los restos del naufragio. Lleva meses haciendo de técnico, de padre, de defensor del pueblo y de capitán de un barco torpedeado de día y de noche, desde dentro y desde fuera. Milagrosamente y con la ayuda de miles de almas franjirrojas, el barco sigue a flote, y con los visionarios dentro por cierto.

Pero cuidado, que con la retaguardia bajo mínimos y en tiempos de fuerte marejada aún se desconoce la hora de la renovación de Sandoval. Que nadie se olvide que a falta de catorce kilómetros para la costa, el míster ya ha recibido varios cantos de sirena. Una cosa es escuchar al corazón y otra muy distinta perder la cabeza hasta terminar con agujeros en los bolsillos.

En estos momentos, pasado el Cabo de Hornos y con dos tercios del camino ya recorridos, el coraje de la embarcación por llegar a buen puerto es más fuerte que la cólera y el escorbuto. Que nadie olvide que la enfermedad se ha conocido ahora, pero llevaba infectando al grupo desde el comienzo de la temporada. El capitán, como los marineros, lo sufrió en silencio con los suyos, y ahora divisan juntos el objetivo más cerca que nunca. Si todo sale como planean, en tierra firme podrán recordar entre risas todo lo acontecido y celebrar su victoria sobre naves celestes y verdiblancas.

Pero antes de todo eso llegará la cita contra el Granada, que se presume histórica por la previa. El sábado, sin sol como testigo, miles de gargantas volverán a pedir por la Albufera una solución a ochenta y siete años de historia. El domingo, continuarán su manifiesto animando al equipo sobre el campo. Ya queda menos.

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