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El Caballero Rayista: Prefacio



Sin maravedís de por medio, con las fuerzas bastante mermadas y sin más defensa que mi fiel y afilada espada, comienzo aquí unas líneas que los responsables del Heraldo parecen tener a bien publicar. Si la salud me respeta y las cuchilladas que se reparten a diestro y siniestro en segunda b no me mandan antes al infierno, vuesas mercedes recibirán mis señales de vida de manera más o menos regular desde esta oscura habitación que da cobijo a mis desgastados huesos rayistas.

Para aquellos que aún no me conocen siento decir que probablemente sea ya demasiado tarde, pues a día de hoy la energía que un día fue mi fiel amiga parece haberse aliado de manera caprichosa con el enemigo, conviertiéndome en una débil silueta que sólo en contadas ocasiones se deja ver en público.

Sin más intentaré improvisar algunos versos introductorios antes de marcharme a mi jergón, ese terrible lugar donde la sombra de Marcos Márquez me ataca una y otra vez en la oscuridad, siempre acompañada de su aliado Don Ricardo y de unas malvadas carcajadas que me impiden conciliar sueño alguno.

No fallemos más en casa
con una vez basta y sobra
si más de una vez nos pasa
pronto llegará la zozobra.

Que el defensa sea fiero
en el centro un buen guerrero
pues arriba lo que quiero
ya me lo trajo el dinero.

El domingo el Alcorcón
y a pesar de las cornadas
o de que vengan mal dadas
allí estaré yo, cabezón.

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