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Fotografía / Rayoherald.com

La voz del pueblo

Estudiantes, algún parado, asalariados medios, comerciantes del barrio y un taxista. Este es el tejido del barrio de Vallecas, gente humilde que siente y que sueña con su rayito en esa primera división que no disfruta desde hace ya bastantes años. Convocados vía sms y a través del foro Planeta Rayista, se han concentrado en la entrada de vestuarios del estadio.

Las caras son de preocupación. Han venido unos ochenta, más que suficientes para mirarse a los ojos y decir bien alto lo que sienten. «No nos lo podemos creer, de verdad. Hace dos semanas éramos líderes y ya soñábamos con el ascenso. Mira ahora, los jugadores firmando manifiestos, sin cobrar y acudiendo a ver a los dueños para que les digan que no hay dinero para pagarles». Hacen corrillos y sólo se escuchan dos palabras: unión y sentimiento.

Si el himno habla de valentía, coraje y nobleza, parece que todo pasa por la parte pecuniaria. Mal asunto. Un rayista toma la palabra. Megáfono en mano pide a la gente que se acerque. «Está la cosa muy jodida, lo sabemos, pero tenemos que animarnos. Hay que demostrar a los jugadores que estamos con ellos, que les vamos a apoyar siempre. Nosotros somos el Rayo».

Marcos mira a su novia, la coge de la mano y enrolla su bufanda franjirroja al cuello. Esa mirada lleva los goles de cinco ascensos a primera. Llevan muchos años de socios y aún no se imaginan cómo puede acabar esto. «Ya no sabemos ni lo que es verdad ni lo que es mentira. Me da pena pensar que podemos desaparecer. Yo sin el Rayo creo que me muero, nada sería lo mismo». Las palabras son duras y salen sinceras desde el corazón. Javier se acerca y su voz retumba bajo el soportal de los vestuarios. «¿Qué más podemos hacer? Pagamos nuestro abono, viajamos a ver partidos, animamos, dejamos de estudiar y sólo soñamos con que llegue el domingo para venir al campo. Si tienen que vender el club que lo vendan, pero los jugadores han estado engañados mucho tiempo».

Los ecos de la entrevista a Movilla en la Ser aún retumban entre los rayistas y la peor parte se la lleva la Presidenta. A Juan no hace falta ni preguntarle. «Llevo muchos años de socio y nunca me imaginé oir ese espectáculo. Sentí vergüenza de oir a mi presidenta mandando callar a un jugador, llamarle mentiroso y decirme que teníamos que besar por dónde pisara Ruiz Mateos…¡qué vendan el equipo si no lo pueden mantener!».

La noche cae sobre la Albufera y poco a poco han ido acudiendo más a la llamada. Los hay que son fijos en todos los viajes, otros que llevan la camiseta del equipo puesta y alguno que viene directo del trabajo. «He escuchado el llamamiento y aquí estoy. Estamos muy preocupados porque así es muy difícil exigir al equipo. Ya el otro día no se jugó bien y se les va a meter mucha presión con el ascenso como medio de salvación. A ver en Huesca cómo salimos».

Algunos ya han leído el comunicado de la plantilla, aunque la mayoría sólo ha visto el nuevo esperpento vivido en Somosaguas. «Se me ha atragantado la comida, lo juro. Eso de ver veinte cámaras siguiendo a mi equipo para temas extradeportivos no lo puedo soportar. El miércoles contra el Alcorcón hay que hacer algo. Tengo mucho miedo porque pienso que nos pueden dejar tirados con las deudas y el equipo descendido y en quiebra».

En el ambiente flota la necesidad de demostrar que se está con el equipo, pero contra los actuales propietarios. «De lo que gano todos los meses me quitan muchos euros para Hacienda y Seguridad Social. No puede ser que esta gente no pague como todos. Además los jugadores ya se han hartado de que les engañen y han terminado explotando. Lógico. ¿Por qué al Rayo siempre le tienen que pasar cosas raras todos los años?».

En pocos minutos Payaso Fofó recupera su ritmo, el de cualquier viernes a las diez de la noche. Atrás se quedan los gritos de «nosotros somos el Rayo» y las llamadas a la unidad de todos los rayistas.

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